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Pasa, tómate un café y comparte ideas, imágenes y música que nos ayuden a hacer camino al andar, mientras buscamos sentido a nuestras vidas e intentamos entender el mundo que nos rodea.

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jueves, febrero 16

Saber usar el tiempo

El tiempo es un bien único, insustituible y escaso, del que están hechas nuestras vidas. Si lo perdemos, estamos perdiendo la vida. ¡Y qué poco lo valoramos y qué mal lo gestionamos! Debemos aprender a administrarlo. Desde la escuela se nos debería enseñar a valorarlo y a gestionar el tiempo. 

Lo precisamos para todo. Para trabajar, descansar, divertirnos, educar a los hijos, practicar un deporte, leer, viajar, aprender, amar. Hace falta tiempo para reflexionar, intercambiar opiniones, participar, es decir, para ser un activo ciudadano; un ciudadano que contribuya, en la medida de sus posibilidades, al fortalecimiento de la democracia, y que debe realizar aquellas actividades –solidarias, formativas– que le proporcionan estímulo para la convivencia y autoestima.

Cada persona debe preguntarse: ¿por qué me falta tiempo? ¿En qué lo pierdo? ¿Cuál es la mejor manera que tengo de usarlo? Y formular sus propias respuestas, que dependerán de sus condiciones de vida y de sus prioridades. Si no lo hacemos, estaremos en manos de los demás y de las circunstancias. 

Debemos convertir nuestro tiempo en felicidad, optimismo y alegría compartida, y no emplearlo en proyectar sobre los demás frustraciones y rencores. Hagamos que las 24 horas de las que disponemos sean fructíferas. Convirtamos la puntualidad en una virtud y una exigencia ética, y no lleguemos tarde a citas y reuniones, porque el tiempo de los demás merece ser tan respetado como el nuestro. “Sé tú mismo el cambio que esperas ver en el mundo”, decía Gandhi.

Todo ello resulta cada vez más difícil, pero también más necesario, en un mundo como el actual en el que, por primera vez en la historia, el ser humano es consciente de que le falta tiempo. Vivimos continuamente con prisas. No nos basta con tener un buen empleo, una excelente familia, amigos de toda la vida –todo ello dificilísimo–, sino que también deseamos que sea compatible con el gimnasio, leer, seguir cursos de idiomas, ir a espectáculos, ver la televisión, viajar, ayudar a una ONG y muchas cosas más. 

A nuestros hijos les metemos en la misma vorágine. El resultado es que nos sentimos abrumados luchando contra el tiempo, lo que produce estrés, sensación de que no llegamos, insatisfacción.

Hagamos un alto en el camino, y reflexionemos. Démosle tiempo al tiempo. Aprendamos a valorar cada minuto de la existencia, porque en eso consiste el arte de vivir. Debemos tener claro una escala de prioridades; no todo es importante.

La falta contemporánea de tiempo, común a muchos países, se une en España a una dificultad añadida: la irracionalidad de nuestros horarios. Muchos sufren prolongadas jornadas laborales que les obligan a llegar a casa tarde y agotados, y a dormir poco y mal; y les deja sin tiempo para compartirlo con la familia, ni para formarse y distraerse. Ello repercute en la elevada siniestralidad laboral y de tráfico, en la baja productividad, en un alto grado de absentismo, en un mayor número de separaciones matrimoniales, en la baja natalidad.

Ser felices dentro y fuera del trabajo es posible y debemos hacerlo realidad.

 

miércoles, junio 29

Para pensar


Llego a esta información  a través de Atrio, son datos, pero creo que merecen la pena ser pensados y reflexionados y que nos debería llamar a actuar.
Los obispos constituyen la institución que menos confianza (3.0) inspira a nuestra ciudadanía, menos incluso que los Bancos (3.6), las multinacionales (3.4) o los partidos políticos (3.2) —en una escala evaluativa de 0 a 10—, según la última oleada del Barómetro Continuo de Confianza Institucional de Metroscopia, que ordena a más de cincuenta instituciones y grupos sociales en función del grado de confianza que infunden. La Iglesia Católica, en su conjunto, obtiene un 4.0 (lo que la coloca en una zona medio-baja del ranking general) y su obra social, que consigue un 4.7, queda situada en una aceptable franja media, junto a los fiscales, por ejemplo, o a los ayuntamientos. No hay pues confusión posible: es específica y exclusivamente a los obispos (que son parte significada de la Iglesia, pero no toda la Iglesia) a quienes nuestra ciudadanía concede el “farolillo rojo”.

¿Anticlericalismo visceral? Parece dudoso: más del 70% de los españoles se definen como “católicos” (con más o menos matices, bien es verdad) y ya ha quedado indicado además cómo otras dimensiones de la Iglesia cuentan con una clara mejor imagen social. ¿Incomodidad entonces ante lo que la ciudadanía probablemente percibe como excesiva propensión por parte de los prelados a intervenir en la vida política, a manifestarse en la calle, a hacer declaraciones altisonantes y en ocasiones dudosamente caritativas? Probablemente. A fin de cuentas, y también según una encuesta reciente de Metroscopia, una masiva mayoría de ciudadanos (74%) considera que los legisladores deben realizar su tarea sin tener en cuenta consideración religiosa alguna. Nuestra sociedad tiene claro que entre lo que son competencias exclusivas "del César" — y no "de Dios"— está el dictar normas jurídicas (que no éticas) para todos, creyentes y no creyentes.  Y no cabe excluir  que la desmesura crítica y las puntillosidades excesivas (en unos temas —ay— más que en otros) antes que iluminar y remover conciencias estén quizá contribuyendo a desconcertarlas y alejarlas: en la actualidad apenasuno de cada cinco españoles se considera “católico practicante”, la cifra más baja de los últimos cincuenta años.
¿Qué pensáis vosotros?

lunes, junio 20

Está empezando

Mucha indignación, mucho enfado y sin nada de violencia. Algo está ocurriendo. Miles de personas de 50 ciudades se han manifestado al margen de los partidos políticos, buscando fórmulas de articularse.

Despreciar este movimiento, despacharlo con unas frases insulsas, tirar balones fuera, ya no vale.

Ha llegado el momento de empezar a tomarnos en serio este clamor ciudadano que muestra la indignación de muchos ante la manera como se han hecho las cosas en los últimos años.  Ha empezado algo que puede ser muy gordo. No está la gente, ni los tiempos para que algunos, nuestros políticos, y ¡cómo no!, nuestros tertulianos,  se dediquen a rasgarse las vestiduras.

Hay un runrún, un clamor que invita a la gente a dar un paso adelante y aquellos que no sepan, no piensen, no hacen, se hagan un favor, -a ellos y a nosotros- que se marchen a casa.

La frustración por tantos sueños rotos se respira en el ambiente. Es verdad que no está claro el camino a seguir. Pero hemos empezado a caminar y Machado nos recuerda en sus famosos versos, que no hay camino, que se hace camino al andar.

El subtítulo de este blog es una llamada similar: hagamos camino al andar.

Me gustaría encontraros en él.

viernes, junio 17

Ahora nos toca a nosotros

Mucho se ha hablado de los sucesos protagonizados por las asambleas de “indignaos” en diferentes regiones españolas. Unos aprovechan para llamarles terroristas, guerrilleros urbanos, etc. Otros alaban sus acciones al impedir el desalojo de diferentes familias de sus casas por impago de las hipotecas.


Sin embargo, cabe preguntarse ¿hemos aprendido algo de lo sucedido? ¿Qué han aprendido los partidos políticos? Qué han aprendido los integrantes de los grupos de Indignaos? Y quizás la pregunta más importante, ¿qué hemos aprendido los ciudadanos en general de esto?.

¿Nos va a ayudar a corregir el rumbo e iniciar reformas importantes a nivel económico, político, social, educativo, judicial?


Hemos visto que se puede alzar la voz y protestar, exigiéndoles a nuestros representantes políticos   una acción decidida a favor de los más necesitados, de los más pobres, de los más indefensos. No debemos callarnos por sistema y si tener  la obligación de manifestar nuestra opinión y exigir medidas eficaces. Que trabajen buscando un  futuro más digno.

¿Qué piensa Stéphene Hessel, autor del libro “Indignaos! de lo sucedido?

Se reafirma en sus ideas, rechaza de plano toda violencia, considera intolerable el intento de paralización de las instituciones de representación democrática y nos anima a encontrar un camino para seguir expresando nuestro compromiso hacia el futuro con actitud pacífica y tolerante.

Ánimo y adelante.


lunes, junio 13

Crecemos

Las últimas previsiones sobre población nos hablan de que es muy probable que superemos los 10.000 millones de personas a finales de siglo. Esto ha traído de vuelta los viejos temores de que el planeta no puede soportar a todos los seres humanos que queremos habitar en él.

Los seguidores de la vieja teoría de Thomas Malthus afirman que un florecimiento de la miseria es inevitable con ese aumento de la población.

Está claro que hay problemas que exigen su solución ante ese aumento. Pero si observamos algunos indicadores, publicados por una encuesta de la ONU, nos encontramos con cosas muy curiosas. La mayoría de las personas afirman ser felices. Muy pocos ciudadanos de determinados países afirman ser infelices.
En Bangladesh, a pesar de su baja renta y sus malas condiciones sanitarias, el 85 % de la población afirma sentirse muy felices. Los nigerianos se consideran muy felices en un porcentaje del 75 %. Igual que los habitantes de China.

Estar vivo es para estas personas muy bueno. Aumentan sus perspectivas de vida, pasan de 68 años a 81 años para finales de siglo.

El problema es el aumento del consumo per cápita. Y eso no es culpa de los africanos. Es culpa de los países ricos, que son los que consumen casi todo. Los 650 millones de personas más pobres del planeta viven aproximadamente con el 1% de la renta de los 650 millones más ricos.

Volvemos a lo de siempre el mal reparto de la riqueza de este mundo.

Para saber más:

Terror demográfico, por Charles Kenny
Depende envejecimiento global, por Philip Logman,

viernes, junio 3

Cuando la vida tenía en cuenta al otro

 María Victoria me envió este powerpoint.Creo que merece la pena verlo, leerlo y escucharlo. Y por supuesto reflexionarlo.

Primavera árabe, verano europeo

Las protestas ciudadanas en España reflejan el divorcio cada vez mayor entre sociedad y políticos que vive Europa, así como las carencias de sus sistemas democráticos. 

Hace unos meses veíamos como el mundo árabe se lanzaba a la calle exigiendo cambios a su clase política. Ahora han sido los europeos, empezando por los ciudadanos madrileños los que inician las protestas. No es adecuado igualarlos. Parten de posiciones muy diversas a nivel político, económico, social e incluso religioso. Pero existen coincidencias que deberíamos tener en cuenta. Han sido movimientos prácticamente espontáneos, donde se destaca la importancia de las redes sociales, Facebook y Twitter que una vez más se ocupan de globalizar lo sucedido y recabar apoyos en otros países.


El movimiento del 15-M ha servido para que la llamada generación perdida se haya desbordado ante  la situación por la que atraviesa. La principal causa de indignación (el papel de los intelectuales llamando a la indignación, a reaccionar y a comprometerse ha sido decisivo) ha sido contra la clase política, nuestro bipartidismo imperfecto, la tolerancia frente a la corrupción, el mirar para otro lado de la prensa, son algunos de los síntomas de la pobre calidad democrática de nuestra nación.

Todo esto ha servido para demostrar de manera inequívoca lo alejada que está nuestra clase política de la realidad social. Como en el resto de Europa la brecha no hace sino aumentar.

La frustración social generada por las ganancias de los ejecutivos, los tratamientos dados a la banca, los abusos y poca representatividad de la clase política, son ejemplos del divorcio cada vez mayor entre sociedad y políticos.

Ha llegado el momento de empezar una seria renovación cívica y política.

Para saber más:

Europa tiene miedo por Ana Carbajosa
La depresión española, por José Antonio Gómez Yañez
Los pupitres de la recesión, por Valentí Puig
La mirada de los otros, por Giles Tremlett
Depende: pobreza, por Berbardo Kilksberg

viernes, mayo 27

Imágenes en blanco y negro

No esperaba la violencia ejercida por la policía en el desalojo de los “indignados” en la Plaza de Cataluña. Me han recordado imágenes pasadas, vividas en blanco y negro, con los “grises” persiguiendo a la gente.

Expulsar “golpeando violentamente” a personas que llevan días ocupando pacíficamente la plaza y que han conseguido atraer la atención de todo el mundo a sus peticiones de democracia real,  para solucionar los problemas,  que han ocasionado los bancos con su manera de gestionar los recursos que les entregan los ciudadanos y los fallos en sus mecanismos de control,   que entre otras cosas  son los grandes culpables de la crisis actual.

Los argumentos utilizados han sido intelectualmente de niños de preescolar. Con todo el respeto para estos. Que se desaloje una plaza para que se pueda celebrar la hipotética victoria de un equipo de fútbol es algo que debería hacer pensar a los gobernantes de Cataluña por haber olvidado que se deben a los ciudadanos.

 Y con su actuación de hoy están muy lejos de conseguirlo. Más de 120 heridos.

Se piden dimisiones. Y me sumo  a ellas.



A lo largo del día, el desalojo ha servido para que la gente acuda masivamente a la plaza y hayan vuelto a levantar de nuevo “el campamento”.
Nuestra Constitución recoge el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesita de autorización previa.




Un lema aparece: “Ven a la plaza y trae flores”
Aquí están las mías.



martes, mayo 24

¿Y ahora qué?

Toda la prensa europeas e hace eco del fenómeno Indignaos en España. La tónica general es que los jóvenes ha ganado la batalla de la reivindicación. Posiblemente "la revolución española” ha podido hacer más daño al PSOE que al PP, pero los próximos meses veremos si el movimiento se ha acabado o se va a quedar hasta las próximas elecciones que están a la vuelta de la esquina.

La idea que trasmiten es que se han indignado, han reaccionado y empiezan a comprometerse, primero siguiendo con las concentraciones y después organizándose en la medida que un movimiento asambleario, integrado por muchas organizaciones, se puede organizar.

Por ahora sus “peticiones”  de voto en blanco o nulo casi se acercan al millón.  Casi un 37 % .
Creo que mal harían los partidos políticos en general y especialmente  El PSOE, lamiéndose las heridas, y el PP, lleno de euforia, en no querer saber nada de ellos y no pensar en sus propuestas. 

sábado, mayo 21

Jornada de reflexión

El roto, publicado en El País 21 de mayo de 2011

miércoles, mayo 18

Indígnate, reacciona, comprométete

Dentro de unos días los ciudadanos de este país ejerceremos la manifestación máxima de lo que se considera la democracia.Elegiremos mediante voto a las personas que dirigirán nuestros ayuntamientos y en algunos casos nuestras autonomías. 

Nuestro voto es importante, muchas personas se mueven en su búsqueda, los gurús de la comunicación, de la propaganda, del marketing político buscan convencernos con ideas brillantes, con propuestas que solucionen o mejoren nuestra realidad social, política, económica, educativa, etc.

Motivos suficientes para pararse a pensar el destino de nuestro voto. Yo soy de los que piensan que ir a votar es importante. Pero que también ese acto, sencillo en apariencia, de depositar el voto en la urna, debe  de ser precedido de una seria reflexión.

¿Qué idea tengo del futuro deseable de mi ciudad, de mi autonomía? ¿Qué partido, qué candidatura de las muchas que existen se acerca a ella? ¿Cuál ofrece soluciones razonables de ser llevadas a cabo? ¿Cuál tiene las personas más capaces de llevarnos a un futuro mejor en los próximos cuatro años? ¿Cuál ha previsto la financiación de sus propuestas? 

De lo contrario corremos el riesgo de dejarnos deslumbrar por la presión mediática, por la gracia de turno o la frase adecuada mostrada por la televisión y que dice el candidato – cual papagayo- al ver la lucecita que le comunica que está en directo en algún telediario de cualquiera de nuestras cadenas privadas o públicas. E incluso a que nuestro voto sirva para avalar la corrupción como ha sucedido en varias ocasiones.

Quizás ha llegado el momento de indignarnos, el momento de reaccionar, el momento de ponernos en marcha y  comprometernos de nuevo a tomar  la senda de la ilusión que nos lleve a ser protagonistas y no sólo meros actores de relleno. ¿Protagonistas o figurantes?

El próximo lunes todos los partidos habrán ganado. Pero ¿y nosotros?

sábado, mayo 14

¡No!

No me gusta el paso que acaba de dar Benedicto XVI con la promulgación de la Instrucción Ecclesia Dei sobre la liturgia dándole a la Misa en latín una paridad con la forma de la liturgia del Concilio Vaticano II que está en vigor dese1970. No sólo para la misa sino también para otros sacramentos.

No me opongo, incluso veo bien, que exista un pluralismo que anime a expresar la fe en distintas formas de culto.

Tampoco  me disgusta la idea en la  que nos anima a considerar esta paridad como “un objeto de reconciliación”. Y que aparece en el mismo documento.

Pero sigo diciendo No ,a los pasos firmes con los que caminamos hacia un pasado que nunca fue mejor. Sigo diciendo No,  al olvido y al intento de borrar todo rastro del Concilio Vaticano II que han ido dando Juan Pablo II y Benedicto XVI en sus papados.

Y continúo diciendo No, a que no se busque con el mismo  interés “como objeto de reconciliación”   la restauración  de tantos teólogos a los que se han censurado y prohibido enseñar,  siendo muchos los cristianos que  alimentan su fe con sus enseñanzas.

Y para terminar sigo diciendo No a las dos maneras de actuar:
  •  Para los que negaron validez al Concilio, una autopista para sus deseos. 
  • Para los intentan animar la fe en el siglo XXI  prohibiciones y censuras.

miércoles, mayo 11

Silencio ante la violación de los derechos humanos

Me ha sorprendido el silencio ante la violación de los derechos humanos que han acompañado la muerte de Bin Laden. Hemos visto celebraciones entusiastas por parte de ciudadanos americanos y comentarios a favor de algunos mandatarios europeos.

Es realmente raro que un Nobel de la Paz ordene un asesinato al estilo hollywoodense sin que un grito de indignación y protesta por tal atrocidad recorra las altas esferas gobernantes del mundo entero, sino todo lo contrario, lo aplauden, llegando incluso al extremo de manifestar su alegría por la muerte de un ser humano.

Me niego a aceptar que no sea posible erradicar la violencia brutal aunque la Historia de la humanidad esté marcada por ella de tal manera que ya estamos inclinados a pensar de que está indisociablemente unida a la condición humana.

Los derechos humanos no se pueden fraccionar. No admiten excepciones aunque se disfracen de medidas de seguridad.

¿Se han respetado en la acción llevada a cabo por el comando de élite americano en la muerte de Bin Laden?

Se que muchos dirán que un terrorista menos. Pero ¿estamos ahora más seguros que antes? O por el contrario hemos demostrado que sigue vigente el dicho bíblico ojo por ojo.

¿Os imagináis a un grupo de élite de la guardia civil asaltando una casa de un ciudadano francés, o de cualquier otro país europeo, matando a sus habitantes y llevándose el cadáver de otro porque era el jefe de ETA?. Menuda se hubiese liado.

Cuando hablamos de derechos humanos hablamos de vida, de dignidad, de libertad y de justicia. De libertad o barbarie. De vida o muerte. No nos equivoquemos, no son una opción a elegir o no. Nadie tiene patente de corso para saltárselos. Los derechos humanos no son la meta, son el camino de la democracia y de la paz, de la dignidad. Sólo respetándolos seremos capaces de construir un mundo mejor.

sábado, mayo 7

Una ética de izquierdas

La crisis no es sólo económica sino -sobre todo- ética. Pero no necesitamos una etica de principios, que únicamente enuncie principios ideales desde arriba, sino una ética de responsabiliadad, que tenga en cuenta todo el análisis de la situación y las consecuencias de la acción propuesta


Aquí os dejo unas reflexiones de Jean Daniel, director del periodico francés "Le Nouvel Observateur"
He aquí algunas lecciones que he aprendido de mis maestros. . Me he convertido en lo que Camus llamaría un “reformista radical”. Practico lo que Michel Foucault denominaría una “moral de la incomodidad”. Albergo la ambición de alcanzar una “felicidad sin obligación de trascendencia”, como creo que habría podido decir Spinoza. Se trata simplemente de una ética de izquierda.
  1. 1.    Ya no quiero cambiar el mundo; quiero reformarlo.
    2.       El siglo anterior debería conducirnos a desconfiar de todas las revoluciones, a comprender todas las resistencias y a abrazar el espíritu reformista.
    3.       La explosión de los dogmas y de las ideologías debería condenarnos a la humildad y a un verdadero culto de la complejidad.
    4.       La sabiduría consiste ahora en no separar nunca los conceptos de libertad e igualdad. La primera sin la segunda conduce a la jungla de las competiciones. La igualdad sin libertad lleva a la uniformidad y a la tiranía.
    5.        Desde esta óptica, el dinero solo puede ser el símbolo de una mercancía y el instrumento que sirve para hacerla circular mejor.
    6.       La violencia viene provocada por el paso de una sociedad a otra, como ocurrió durante la transición del feudalismo al capitalismo. Soy partidario de una no violencia ofensiva y no sacrificial.
    7.       No obstante, puede ocurrir que una guerra a la vez “inevitable e inexcusable” sea necesaria por razones de autodefensa. Pero solo podría ser declarada como último recurso, después de descartar todas las demás soluciones.
    8.       No está en el destino de una víctima el seguir siéndolo; después de liberarse, puede convertirse en verdugo. Todos aquellos que aceptan responder a la barbarie con la barbarie, utilizando las mismas armas que sus enemigos y traicionando así los valores por los que combaten deberían tener presente este pensamiento. En tal caso, no hay inocentes, solo vencedores o muertos.
    9.       Ya en mi más tierna infancia aprendí a considerar la humillación como uno de los peores males de la humanidad.
    10.   Hay varios medios para no colocar nuestro sillón en el sentido de la resignación ante las desgracias de la vida y la maldición de los hombres. Por ejemplo, considerar que “la vida no es nada, pero nade vale más que una vida” (Malraux), que “no hay que buscar a Dios en ninguna otra parte que en todas partes” (Gide) y que solo la admiración que se transforma en amor puede impedirnos ver la vida como “un cuento lleno de ruido y furor contado por un idiota y que no significa nada” (Shakespeare). De todas formas, como dice magníficamente François Cheng, “todos los juicios, todos los cultos y todos los ritos pueden desaparecer, salvo uno solo, el de la Belleza”.

    Jean Daniel (Director de Le Nouvel Observateur)
    Para saber más:
    Publicado en El Pais: Una ética de izquierdas

jueves, abril 28

Reacciona

Reacciona es un nuevo libro, después de Indignaos,  que trata de clarificar y encauzar la pesadumbre de un sector creciente de la sociedad española con la crisis económica, política y social que estamos viviendo, con la crisis del sistema.

Varios son los factores que están en juego, nuestra estabilidad, el equilibrio global, una generación de jóvenes sin futuro, y el futuro mismo.

Entre los autores del mismo están José Luis Sampedro, Federico mayor Zaragoza, Ignacio Escolar, Javier Pérez de Albéniz.. El prólogo es obra de Stéphane Hessel.  

La idea del libro es clara, brindar respuestas con una idea destacada: la necesidad de tomar postura,  y actuar de concienciarnos y despertar pues todavía hay esperanza, hay soluciones.

Una ciudadanía informada y responsable puede impedir los atropellos. Todos con un mismo rumbo, con un objetivo claro: defender la dignidad, la democracia y el bien común. Ha llegado el momento. El primer paso es reaccionar.

Un libro apasionante que pretende responder a preguntas que todos nos hacemos: 

¿Por qué se atrevieron los bancos a ser codiciosos? ¿Por qué lo permitieron los gobernantes? ¿Son los medios de comunicación los culpables? ¿El consumismo? ¿Una sociedad infantilizada? ¿Se ha adueñado de España la inmunidad? ¿Son los jóvenes una generación estafada? ¿Tenemos miedo?


Para saber más:

Un libro: Reacciona

Autores: José Luis Sampedro, Mayor Zaragoza, Lourdes García, Rosa Mª Artar, Javier Pérez de Albéniz…

Editorial: Aguilar

ISBN: 978403102002

Páginas 169

Precio: 9,50 €

lunes, abril 25

Leer y escribir


Acabamos de celebrar el día del libro. Josep Conrad nos recuerda:" El autor del libro sólo escribe la mitad. De la otra mitad debe ocuparse el lector."

No faltan voces que muestran su preocupación por la calidad del lenguaje que se utiliza habitualmente, tanto para escribir, donde abundan los errores ortográficos, como al hablar, donde nuestro vocabulario es bastante pobre.

Tampoco aquellas que muestran su preocupación o alabanza por la aparición de artilugios que puedan acabar con el libro tal y como lo conocemos. 

No estaría mal volver la vista a nuestro  D. Quijote. En contra de los personajes heroicos que resuelven problemas usando una inteligencia o fuerza de voluntad fuera de  lo común. D. Quijote no quiere partir en busca de grandes batallas, está dispuesto a sacrificar su vida por una noble causa, pero la tragedia no quiere saber nada de él.


"D. Quijote nos representa lo cotidiano, lo concreto de la vida. Por ejemplo, los dientes, una preocupación para él, dientes que duelen, dientes que faltan


 “ Porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como molino sin piedras, y mucho más se ha de estimar un diente que un diamante."


Y ¿qué decir de su muerte? ¿Hay algo menos heroico? 

“ Tras dictar su testamento, agoniza durante tres días rodeado de gente que le quiere” , sin embargo, “ comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho, que esto de merecer algo borra o templa en el heredero la memoria de pena que es razón que deja el muerto”.
“Sólo se puede leer por placer” decía Borges, pero también podemos leer por reciprocidad, por intimidad, por instinto, por conocimiento, por alegría, para saber, para aprender, por….¡tantas cosas!

Y vosotros, ¿Por qué leéis? ¿Qué libro estáis leyendo?

jueves, abril 14

La autonomía personal

Soy una persona adulta, mayor de edad desde hace mucho tiempo, no incapacitada, y, de momento, miembro de la iglesia católica.

Y digo que todavía soy miembro de la iglesia católica, porque quiero pensar que no existe incompatibilidad alguna entre ser persona y pertenecer a la iglesia católica.

Sin embargo la realidad de todos los días me obliga a poner en duda tal pensamiento y pertenencia, cuando observo que en el ámbito de esa iglesia, por ejemplo, se sigue prohibiendo la publicación de determinados libros o se impide dar una conferencia a determinada persona en un local parroquial, y todo ello no porque se trate de personas (el autor del libro o el conferenciante) sospechosas de atentar contra los derechos humanos, sino simplemente por el hecho de que no coinciden, al parecer, en su visión de la iglesia con la que tiene la jerarquía dominante en este momento dentro del ámbito de esa misma iglesia. Las personas a las que se refieren los ejemplos que he elegido, son Don Jose Antonio Pagola y Don Jose Arregui. Existen muchísimas más.


Quede bien claro que, de momento, no pretendo defenderles a ellos, que también, sino reivindicar y salvaguardar mi autonomía denunciando a aquellos que desean limitarla a través de prohibirles publicar o hablar a esas personas, que es tanto como tratar de impedir que yo les lea o les oiga.

No entiendo cómo si en teoría dentro de esa iglesia se predica respecto de las personas, que conformamos y constituimos su base fundamental, el que somos libres y autónomas por naturaleza, es decir con capacidad suficiente para pensar y decidir por nosotros mismos, lo que a su vez constituye el fundamento de nuestra personal responsabilidad, se pueda al mismo tiempo mantener que no podemos publicar, hablar, leer o escuchar, lo que pensamos que debemos publicar, hablar, leer o escuchar.

¿O será que en esa iglesia todas las personas, tanto si somos clérigos o laicos (sobre todo estos últimos), somos consideradas, durante toda nuestra vida, menores de edad, sin criterio suficiente, con algún grado de incapacidad, y por ello necesitadas de tutela, que han de ejercer, quienes entre ellos se han elegido, por mor de un supuesto mandato divino y gracias a la inspiración del Espíritu Santo, como los poseedores de la única verdad revelada y, por tanto, dotados de una autoridad especial para imponernos a los demás, sin ninguna vergüenza, sus propios e interesados criterios?

Yo creo que no es ese el problema o, por lo menos, no el único problema.

Y digo esto porque resulta curioso (no es el único ámbito en el que ocurre) que cuando las personas dentro de esa Iglesia decimos que sí a todo y no nos planteamos ninguna duda ni problema, que pueda poner en tela de juicio la llamada doctrina tradicional de la iglesia, y el poder que en la misma se sustenta, no se pone ninguna traba a nuestra indiscutida autonomía y libertad. Entonces sí se dice y se defiende que somos libres y, precisamente, que en uso de esa libertad optamos por seguir la doctrina que se nos muestra como la verdadera y por responsabilizarnos en función de ella.

Nuestra incapacidad solo aparece o se señala cuando se nos ocurre pensar por nuestra cuenta, y ya no digamos cuestionar, más allá del límite o de la línea roja que nos han marcado los que dominan y quieren seguir dominando. Sólo cuando ponemos en cuestión lo establecido, a su juicio, como ortodoxo, es cuando nos convertimos en un peligro y cuando hay necesidad –no de convencer- de prohibir escribir, hablar, leer y escuchar.

Da lo mismo que lo que se escriba o diga sea razonable, que se diga de forma respetuosa y sin pretensiones de imponer nada, que esté basado en la lógica, o sustentado en los descubrimientos científicos o que sea el resultado de investigaciones profundas y de buena fe. Es entonces y solo entonces cuando se nos niega el carácter de personas libres, es decir de personas. ¿Por qué? ¿Qué es lo que ponemos en peligro? ¿A quién ponemos en peligro? ¿Qué es lo que hay que salvar o preservar?

Por eso es por lo que me planteaba la cuestión inicial. ¿Es incompatible el ser persona con el hecho de ser católica o pertenecer a la iglesia católica?

La cuestión no es baladí, porque si la contestación fuera afirmativa, la solución pasaría, necesariamente, al menos en mi caso, por decir, no quiero ser católico. No quiero renunciar a ser una persona libre.

Sin embargo, yo, aunque no tengo conocimientos de teología (ni creo que deba de tenerlos necesariamente para poder expresarme en estos términos), estoy convencido de que no es ni debe ser así. Que la doctrina basada en el amor no puede ser incompatible con la consideración de la persona libre. Que por muy limitada y vulnerable que sea una persona (lo somos todos, incluidos los jerarcas), la imposición y la prohibición no pueden prevalecer sobre el convencimiento basado en el conocimiento, en el diálogo sincero y respetuoso y en la razón, y que la supuesta única verdad ni existe ni puede, en ningún caso, prevalecer sobre la plural visión del mundo y de la moral.

Por eso, de momento no me borro de la iglesia católica, pero tampoco me callo, uniéndome a los que, desde dentro o fuera de esa misma iglesia, sin renunciar a su libertad, y desde posiciones sin mando y desinteresadas, siguen escribiendo, hablando, leyendo u oyendo libremente, sin sucumbir o tratando al menos de denunciar con su conducta las inadmisibles y condenables maneras de esta nueva y, para mí, terrible inquisición.


Leopoldo Diez de Fortuny
San Sebastián a 12 de abril de 2011.

 Leído en Fe Adulta

jueves, marzo 31

Repensar el mal

El problema del mal atraviesa la historia entera de la humanidad. Ninguna cultura, y dentro de ella ningún individuo, ha podido escapar a su afrontamiento.

Cuando ocurren grandes catástrofes naturales, en estos días los terremotos en Japón, suelen aparecer expresiones que culpan a Dios de ellas: “ Si quisiera no habría mal y el mundo sería perfecto”. Otros, lo utilizan como una prueba inequívoca de su no existencia: “Todo se debe a la autonomía de las leyes físicas”, huyendo de las influencias de ángeles o demonios.

Por eso es de agradecer el esfuerzo de pensadores en hacer luz en este campo tan complejo. Uno de ellos, Andrés Torres Queiruga, Doctor en Filosofía y Teología, - uno de los grandes teólogos de España,- acaba de publicar un interesante libro sobre este tema : Repensar el mal.

Pasando por el fracaso de un Dios que no quiere, o queriendo no puede, evitar el mal y llegando al fracaso del ateísmo moderno que se apoya en el mal atribuyéndoselo a Dios, Torres Queiruga nos habla de la presencia de Dios como el Anti-mal y actualiza la comprensión de temas tan actuales y vivos como el pecado original, la providencia, el milagro, la oración de petición, el holocausto y el infierno.






Para  saber más:

Un libro: Repensar el mal
Autor: Andrés Torres Queiruga
Editorial: Trotta
Páginas: 372
Año: 2011
ISBN: 978-84-9879-194-5
Precio: 22 €

lunes, marzo 28

Atrio de los gentiles

Palabras de Benedicto XVI a los participantes en la inaguración del Ario de los Gentiles en la catedral de Notre-Dame. Me parece una reflexión interesante y digna de compartirla.

En el corazón de la Ciudad de las Luces, frente a esta magnífica obra maestra de la cultura religiosa francesa, Notre-Dame de París, se abre un gran atrio para dar un nuevo impulso al encuentro respetuoso y amistoso entre personas de convicciones diferentes. Vosotros jóvenes, creyentes y no creyentes, igual que en la vida cotidiana, esta noche queréis estar juntos para reuniros y hablar de los grandes interrogantes de la existencia humana. Hoy en día, muchos reconocen que no pertenecen a ninguna religión, pero desean un mundo nuevo y más libre, más justo y más solidario, más pacífico y más feliz. Al dirigirme a vosotros, tengo en cuenta todo lo que tenéis que deciros: los no creyentes queréis interpelar a los creyentes, exigiéndoles, en particular, el testimonio de una vida que sea coherente con lo que profesan y rechazando cualquier desviación de la religión que la haga inhumana. Los creyentes queréis decir a vuestros amigos que este tesoro que lleváis dentro merece ser compartido, merece una pregunta, merece que se reflexione sobre él. La cuestión de Dios no es un peligro para la sociedad, no pone en peligro la vida humana. La cuestión de Dios no debe estar ausente de los grandes interrogantes de nuestro tiempo.

Queridos amigos, tenéis que construir puentes entre vosotros. Aprovechad la oportunidad que se os presenta para descubrir en lo más profundo de vuestras conciencias, a través de una reflexión sólida y razonada, los caminos de un diálogo precursor y profundo. Tenéis mucho que deciros unos a otros. No cerréis vuestras conciencias a los retos y problemas que tenéis ante vosotros.

Estoy profundamente convencido de que el encuentro entre la realidad de la fe y de la razón permite que el ser humano se encuentre a sí mismo. Pero muy a menudo la razón se doblega a la presión de los intereses y a la atracción de lo útil, obligada a reconocer esto como criterio último. La búsqueda de la verdad no es fácil. Y si cada uno está llamado a decidirse con valentía por la verdad es porque no hay atajos hacia la felicidad y la belleza de una vida plena. Jesús lo dice en el Evangelio: “La verdad os hará libres“.

Queridos jóvenes, es tarea vuestra lograr que en vuestros países y en Europa creyentes y no creyentes reencuentren el camino del diálogo. Las religiones no pueden tener miedo de una laicidad justa, de una laicidad abierta que permita a cada uno y a cada una vivir lo que cree, de acuerdo con su conciencia. Si se trata de construir un mundo de libertad, igualdad y fraternidad, creyentes y no creyentes tienen que sentirse libres de serlo, iguales en sus derechos de vivir su vida personal y comunitaria con fidelidad a sus convicciones, y tienen que ser hermanos entre sí. Un motivo fundamental de este atrio de los Gentiles es promover esta fraternidad más allá de las convicciones, pero sin negar las diferencias. Y, más profundamente aún, reconociendo que sólo Dios, en Cristo, libera interiormente y nos permite reencontrarnos en la verdad como hermanos.

La primera actitud que hay que tener o las acciones que podéis realizar conjuntamente es respetar, ayudar y amar a todo ser humano, porque es criatura de Dios y en cierto modo el camino que conduce a Él. Continuando lo que estáis viviendo esta noche, contribuid a derribar los muros del miedo al otro, al extranjero, al que no se os parece, miedo que nace a menudo del desconocimiento mutuo, del escepticismo o de la indiferencia. Procurad estrechar lazos con todos los jóvenes sin distinción alguna, es decir, sin olvidar a los que viven en la pobreza o en la soledad, a los que sufren por culpa del paro, padecen una enfermedad o se sienten al margen de la sociedad.
Queridos jóvenes, no es sólo vuestra experiencia de vida lo que podéis compartir, también vuestro modo de orar. Creyentes y no creyentes, presentes en este atrio del Desconocido, estáis invitados a entrar también en el espacio sagrado, a franquear el magnífico pórtico de Notre-Dame y entrar en la catedral para hacer un rato de oración. Esta oración será para algunos de vosotros una oración a un Dios conocido por la fe, pero también puede ser para otros una oración al Dios Desconocido. Queridos jóvenes no creyentes, uniéndoos a aquellos que en Notre-Dame están rezando, en este día de la Anunciación del Señor, abrid vuestros corazones a los textos sagrados, dejaos interpelar por la belleza de los cantos, y si realmente lo deseáis, dejad que los sentimientos que hay dentro de vosotros se eleven hacia el Dios Desconocido.

Me alegro de haber podido dirigirme a vosotros esta noche en esta inauguración del atrio de los Gentiles. Espero que respondáis también a otras convocatorias que os propongo, especialmente a la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará este verano en Madrid. El Dios que los creyentes aprenden a conocer os invita a descubrirlo y vivir con Él cada vez más. ¡No tengáis miedo! Caminando juntos hacia un mundo nuevo, buscad al Absoluto y buscad a Dios, incluso vosotros para quien Dios es el Dios Desconocido.

Y que Aquel que ama a todos y a cada uno de vosotros os bendiga y os guarde. Él cuenta con vosotros para cuidar de los demás y del futuro. También vosotros podéis contar con Él

Información publicada en Atrio

domingo, marzo 27

Un grito contra el conformismo

El domingo pasado varios centenares de jóvenes se sumaron a la manifestación que habían convocado Izquierda Unida y diversas plataformas progresistas en Madrid para protestar por las medidas económicas adoptadas en el último año por el Gobierno. En el grueso de la marcha, el bloque juvenil se hacía notar. Se oyeron gritos contra los recortes sociales, el retraso en la edad de jubilación, los nuevos contratos laborales, el paro, los banqueros y el sistema capitalista liberal que, como consecuencia de la crisis, ha llevado a la juventud a afrontar un futuro lleno de sombras. A esa misma hora, los barrenderos del Ayuntamiento de Granada terminaban de limpiar el recinto en el que 25.000 jóvenes habían pasado la noche celebrando la Fiesta de la Primavera, un macrobotellón que empezó a convocarse a mediados de la década pasada de forma espontánea por universitarios mediante sms y ha acabado institucionalizándose, ahora vía redes sociales, como la mayor concentración juvenil del año de toda Andalucía. En la explanada autorizada como botellódromo oficial, esa noche no se oyeron consignas políticas ni hubo agitación de pancartas. Lo único que sonó fue música a todo trapo y el ruido de las botellas de alcohol al estrellarse vacías contra el suelo.
Estas dos estampas delimitan el territorio social, político y emocional en el que se debate la juventud de este país a estas alturas de siglo XXI (y de evolución de la crisis). Etiquetados como pasotas, conformistas y despreocupados, a la luz del desapego que venían mostrando en los últimos años hacia los asuntos públicos, los españoles nacidos después de la consolidación de la transición se disponen a afrontar un momento crítico que puede acabar desplazándolos de ese retrato que los pintaba en el imaginario colectivo como un grupo social absorto, mitad generación nini -ni estudia, ni trabaja-, mitad legión de individuos abducidos por el confort, el consumo y las promesas de la era digital.
Como un tsunami perfecto, la crisis financiera y económica está dejando tras de sí, tres años después de su estallido, un paisaje social arrasado en el que los jóvenes están llamados a tener un mero papel de cascote. Si un estudiante de Bachillerato se detiene a echar cuentas sobre el futuro que le espera, descubrirá que tiene por delante un porvenir muy diferente al que pudo haber imaginado apenas un lustro atrás.
El plan B
Si decide seguir estudiando, al acabar la carrera le esperan largos años de especialización, si es que aspira a encontrar trabajo y siempre que su familia pueda afrontar el pago de los másters privados que necesitará cursar. Tras esta formación de posgrado, con suerte empezará a cobrar un sueldo ínfimo por trabajar como becario, condición que no podrá quitarse de encima hasta bien entrada la treintena. El plan B consistirá en emigrar a Alemania, Reino Unido o cualquiera de los países que, más ágiles que España para salir de la crisis, van a ejercer de polo de atracción del talento en los años venideros.
Si opta por no seguir estudiando, su incorporación al mundo laboral convivirá con frecuentes temporadas de paro. Lo contratarán y lo despedirán intermitentemente bajo un paraguas de protección laboral tan frágil que no se podrá ir de casa de sus padres durante mucho tiempo. El día que se emancipe y cree su propio hogar firmará una hipoteca que le atará los próximos 40 años de su vida. Tiene tiempo: si sus hermanos mayores ya saben que no van a poder jubilarse hasta los 67, es probable que a él le toque aguantar aún más. A lo largo de esos años, habrá tenido que pagar de su bolsillo la educación de sus hijos y en la sanidad pública le atenderán peor que ahora.
Por primera vez desde la segunda guerra mundial se va a quebrar una norma que venía repitiéndose generación tras generación, según la cual los hijos se instalaban en un mundo mejor que el que habitaron sus padres. Si estos lucharon por hacer realidad la sociedad del bienestar y dotarla de mejoras, a ellos les va a tocar lidiar con unas condiciones más precarias. Tendrán móviles con GPS, pero puede que solo les sirva para encontrar la oficina del paro más cercana. Dispondrán de vuelos baratos para viajar, pero es probable que no puedan hacerlo hasta que se jubilen después de cumplir 70 años.
Si a un colectivo se le anunciara de la noche a la mañana una merma semejante de sus condiciones de vida, al día siguiente las revueltas tomarían la calle. Sin embargo, en los últimos meses apenas ha habido noticias incendiarias protagonizadas por jóvenes en pie de guerra contra la pérdida de derechos que se les avecina, lo cual sorprende de forma especial en quienes tuvieron el papel de agitadores de su tiempo.
El luchador antinazi
El silencio de los jóvenes es tan sonoro que ha tenido que ser un nonagenario quien alce la voz para denunciarlo. El antiguo combatiente de la resistencia antinazi Stéphane Hessel, coautor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicó en octubre del año pasado en Francia un panfleto en el que invitaba a los jóvenes a movilizarse.
El título era elocuente: Indignez-vous! Su sorprendente éxito -se han vendido 1,2 millones de copias en Francia, donde se ha erigido como el fenómeno editorial del año- se ha visto continuado en España, donde ya circulan 120.000 ejemplares de ¡Indignaos! Que un discurso que incita a la juventud a rebelarse se venda tanto puede indicar que algo se está moviendo entre los menores de 30, aunque la pregunta del millón es otra: ¿realmente se sienten indignados? Y de ser así, ¿cómo piensan dar salida a esa ira?
«Esa indignación existe, sin duda, pero hasta ahora ha sido una indignación sorda. No se ve ni se oye, su expresión ha quedado reducida al grupo de amigos o la familia, pero está ahí»,advierte José Félix Tezanos. Este sociólogo lleva varios años coordinando un estudio que mide los niveles de exclusión social que afectan a los jóvenes y detecta un preocupante cambio de panorama a raíz de la crisis.
«La atmósfera que respira la juventud ahora mismo es muy inflamable. Dos de cada tres reconocen que no tienen esperanzas en el futuro. Entre esa población de parados, becarios, precarios y marginales se ha instalado una conciencia de exclusión donde el pesimismo convive con la indignación. Sienten que se les ha dado la espalda, a pesar de ser la generación mejor preparada de la historia», destaca el sociólogo.

Malestar soterrado

Las encuestas realizadas en los últimos meses entre los jóvenes confirman ese malestar soterrado. Con un índice de paro juvenil del 43% (la mitad de los 4,7 millones de desempleados que hay en España tienen menos de 34 años), no es difícil imaginar que el trabajo ¿más bien su falta¿ es su principal preocupación. Lo es para toda la sociedad, pero en su caso la percepción es más angustiosa que inquietante. Según el último barómetro del CIS, publicado en enero, el paro es el mayor temor para el 43% de la población, pero este índice sube al 60% entre los jóvenes.
Los que tienen trabajo manifiestan una incertidumbre pareja: frente al 18% de empleados que ven«probable o muy probable» perder su puesto en los próximos meses, ese miedo sube hasta el 40% entre los menores de 24 años. El informe Jóvenes Españoles 2010 que publica la editorial SM resulta coincidente con ese diagnóstico sombrío: 6 de cada 10 jóvenes encuestados ya han asumido que la crisis va a tener un impacto muy negativo en su futuro profesional y personal. Si quiere conocer a un ciudadano pesimista y cabreado, busque a un joven.

Que salte la chispa

«Esto no es lo que nos prometieron»,
 clama Tohil Delgado, secretario general del Sindicato de Estudiantes. Este colectivo, que cuenta con 20.000 afiliados en institutos y universidades de todo el país, percibe de primera mano el sentir de los jóvenes, y Delgado, que lleva desde los 13 años en la actividad sindical ¿hoy tiene 27¿ reconoce que la crisis se está dejando notar en el ánimo de los estudiantes. «Existe indignación, frustración y rabia. Solo falta que ocurra un accidente, que salte una chispa, para que estalle, como ha ocurrido en el Magreb», pronostica el representante estudiantil.
¿Podría ser este próximo miércoles? Ese día, el Sindicato de Estudiantes ha convocado una huelga en todos los centros educativos, pero los responsables de la llamada reconocen que ahora mismo no tienen ganada la batalla de la calle. El sinsabor que les dejó en el 2008 la movilización contra el plan de estudios de Bolonia, que salió adelante a pesar de su oposición, y el flojo resultado de la huelga general del 29 de septiembre les lleva a tener expectativas modestas, pero no dudan de que la indignación de los jóvenes acabará saltando a los titulares en los informativos en forma de revueltas.«Si las hubo en Grecia, Londres y París, no hay razón para que aquí no las haya. Si en Egipto y Túnez han tumbado dictaduras en una semana, ¿qué no podríamos conseguir aquí?», se plantea Delgado.
«Si ocurre, no tendrá la forma tradicional. Hoy las movilizaciones no generan simpatías, ni entre los mayores ni entre los jóvenes. Estos, directamente, te preguntan en clase llenos de dudas: `¿Para qué nos vamos a movilizar, si no sirve de nada?¿», cuenta Mariona Ferrer, profesora de Ciencias Políticas de la Universitat Pompeu Fabra. Esta analista ha estudiado los mecanismos de protesta que suelen seguir los jóvenes y cree que a los de ahora ya no le valen los caminos del pasado. «Están indignados, pero no sienten que los sindicatos, y mucho menos los partidos, les representen. Solo algo nuevo y creativo, protagonizado por un agente con credibilidad ante ellos, puede engancharlos para poner en marcha esa movilización», opina.

Divorcio de la política

El divorcio entre política y juventud no es una consecuencia de la crisis, sino que viene de más lejos. Solo hay que echar un vistazo a las cifras de afiliación de las secciones juveniles de los partidos para comprobar la magnitud de ese desapego: apenas el 1,3% de los menores de 29 años milita en alguna organización política. La más nutrida es la de las Nuevas Generaciones del PP, con 65.000 afiliados, seguida por las Juventudes Socialistas del PSOE, que cuenta con 20.000 socios. Cualquier grupo absurdo de Facebook tiene más seguidores.
El abstencionismo juvenil en las últimas elecciones generales fue 7 puntos superior al del resto de la población. «El mal ejemplo dado por los grandes partidos está detrás de esa desconfianza de los jóvenes, que perciben a todos los políticos igual, pero la indignación que ha sembrado la crisis está cambiando esa tendencia», señala Esther López Barceló, secretaria de juventud de Izquierda Unida.
Cuarenta y tres años después del Mayo francés, las posibilidades de volver a asistir a revueltas parecidas son remotas. Ni esta es la misma juventud, ni tiene al alcance de la mano las mismas herramientas. Entonces había adoquines en las calles, pero no existía internet. La red se ha convertido en uno de los grandes sumideros de ira juvenil, y también en un perfecto canal para su propagación. Así lo ha detectado Ricardo Galli, profesor de informática de la Universitat de les Illes Balears y uno de los promotores de Nolesvotes, plataforma surgida al calor de la protesta contra la ley Sinde, pero que se ha visto contagiada por la frustración de la juventud. «Esa indignación está presente en los foros y mensajes que escriben los jóvenes y es un síntoma del ambiente que respiran. El problema es que en internet no hay líderes. Está por ver cómo la red se convierte en un instrumento para dar salida a la rebeldía», apunta Galli.
Smith Agent es uno de los que ha participado en esos foros manifestando su rabia ante el panorama que se le presenta. El nombre inventado camufla su verdadera identidad, que mantiene en anonimato porque él y los otros 15 jóvenes que forman parte de su grupo de activistas han participado en diversas acciones de ciberguerrilla, como ataques a páginas de instituciones públicas, en colaboración con el colectivo Anonymus.

El discurso combativo

Residen en el cinturón obrero del sur de Madrid, tienen entre 16 y 27 años, la mayoría todavía viven en casa de sus padres y muchos están en paro. Su discurso es combativo: «Han echado sobre nuestros hombros los errores de los banqueros y especuladores. Hasta ahora la juventud ha sido muy perezosa, pero pronto se nos va a oír. Esto tiene que explotar», asegura.
Este activista de la red destaca que internet tiene la cualidad de convertir a cada usuario en el chico del megáfono de la manifestación. ¿La próxima rebelión juvenil ocurrirá a golpe de clic? Algo ya se ha experimentado en ese sentido: en Portugal un grupo de jóvenes bautizado como Garaçao A Rasca (Generación de la Precariedad) convocó una manifestación a través de redes sociales y el 12 de marzo reunieron a 200.000 personas en Lisboa al grito de «este no es país para jóvenes». Tohil Delgado valora el potencial viral de la red, pero advierte de sus límites. «A veces se exagera. Puede ayudar a difundir los mensajes, pero las conquistas se logran en la calle. Una rebelión no se monta dándole al botón de me gusta en Facebook», señala el líder estudiantil.

Poner la oreja en la red

Por lo pronto, internet puede servir para conocer mejor qué piensan los jóvenes acerca de ellos mismos y de su futuro. Poner el oído en la red es muy revelador. La web patatabrava.com, que reúne la mayor comunidad online universitaria de España (cuenta con unos 320.000 usuarios), acaba de realizar un sondeo para conocer mejor a sus socios, y entre sus respuestas hay algunas pistas llamativas: el número de jóvenes que creen que van a tener menos oportunidades en la vida que sus padres duplica a los que confían en lo contrario. Por otro lado, casi la mitad de los estudiantes está considerando seriamente la posibilidad de salir de España para desarrollarse.
Preguntados por los términos que los identifican como generación, los miembros de esta red universitaria enumeran estas palabras: «Facebook, futuro, digital, conectados, crisis, comunicación, desempleados, despreocupados y conformistas». A la luz de este estudio, Oriol Solé, uno de los responsables de esta web creada en la Universitat Autònoma de Barcelona en el 2002, y ya exuniversitario, enfría las expectativas de rebelión. «Más que indignados ¿opina?, veo a los jóvenes de ahora preocupados. Pero la mayoría no se plantea hacer frente a la situación montando un nuevo Mayo del 68, sino buscándose la vida cada uno por su lado».