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domingo, septiembre 12

Doble provocación

La quema de libros es tan vieja como la historia. La sobrina del Quijote participó con el cura, el barbero y el ama a arrojar los libros del hidalgo en la plaza pública y quemar los que no eran de fiar. 

A lo largo de la historia son muchos los ejemplos como este que podemos recordar.

Sólo queman libros los inseguros, los fanáticos que son incapaces de ver la magia del negro sobre el blanco en feliz expresión de José Antonio Marina.

Leer, releer, subrayar y escribir al margen de un libro es un placer inigualable que no tiene precio, por eso nunca entenderé de quemas de libros que nos han privado de tantas cosas a lo largo de los siglos.

Si a la quema de un libro le añadimos el simbolismo religioso que tiene para más de 2000 millones de personas estamos hablando de una doble provocación.  Quemar libros de El Corán es un ofensa innecesaria.  Quemar un libro sagrado no es un acto cualquiera. Es buscar una confrontación que va a ocasionar actos violentos en todas partes que podrían llevar a la  muerte a personas ajenas.

Que quién predique esa idea sea un hombre de religión, un pastor, lo convierte en algo más grave aún. 

 La guerra moderna se libra en muchos frentes que no son militares. Se libra en el campo de las creencias, en la economía, en la cultura y en la simbología. Internet es el nuevo vehículo al alcance de todos para promover la convivencia pero también para provocar las iras violentas de quienes se sienten agraviados. 

No hagamos un uso perverso de las creencias de miles de personas de todos los credos, católicos, protestantes, judíos, islamistas, budistas, indígenas…

No es ese el camino a seguir.




lunes, julio 19

El encuentro con el otro

Anoche vi la película London River. Cuenta la doble historia de un musulmán afincado en Francia y de una cristiana que vive en una isla del Canal de la Mancha. Los dos marchan a Londres, después de un atentado,  en busca de sus hijos que no responden a sus llamadas de teléfono.

La película muestra la visión de lo diferente, tanto en el aspecto físico como en el cultural y el religioso. Un choque de sensibilidades que irá en aumento según van descubriendo que pueden estar unidos no sólo por haber perdido a sus hijos en el atentado sino también por el hecho de que estos estuvieran unidos sentimentalmente.

Una magnífica interpretación y una ternura que hace muy agradable la visión de la película. Una pega, desde mi punto de vista , muestra una visión muy amable de los emigrantes en Londres. Y una frase que dice el protagonista y que me llamó especialmente la atención: la verdadera felicidad es amar la vida.

Os dejo un vídeo del trailer para que os hagáis una idea mejor de la película .



Para saber más:


Carlos Boyero, London River
E. Rodriguez Marchante, Lo profundo de London River
Nuria Vidal, Fotogramas
Toni Vall, Cinemanía  

jueves, julio 15

es el momento de actuar



Sakineh Mohammadi Ashtiani, madre de dos hijos, está presa desde 2005.  En mayo de 2006 fue condenada a recibir 99 latigazos por mantener una "relación ilícita" con dos hombres. Con posterioridad, fue declarada culpable de tener una "relación extramatrimonial" y condenada a morir por lapidación.

En el juicio, dos de los cinco jueces del tribunal la declararon inocente, señalando que ya había sufrido una condena de flagelación y que no había pruebas suficientes de adulterio contra ella. Sin embargo, los otros tres, incluido el presidente del tribunal, la declararon culpable basándose en el “conocimiento del juez”, un principio de la legislación iraní que permite a los jueces adoptar una decisión en relación con la culpabilidad del acusado, aun en ausencia de pruebas claras o concluyentes. 

El Tribunal Supremo confirmó la condena de muerte el 27 de mayo de 2007. Su indulto pende de la decisión de la Comisión de Amnistía e Indulto, que ya se  lo ha negado dos veces. El gobierno iraní hizo público un comunicado el 8 de julio en el que informaba de que Sakineh Mohammadi Ashtiani no sería lapidada; posteriormente, el 13 de julio el Ministro de Exteriores de Irán, Manucher Mottaki, desmintió estas afirmaciones atribuyéndolas a “propaganda occidental”. Hasta que tanto  ella como  su abogado hayan recibido una notificación oficial, estas declaraciones contradictorias no permiten descartar que Sakineh Mohammadi pueda ser lapidada.

¡Actúa!




Firma  pidiendo la conmutación de la pena. Sigue el enlace: Por los derechos humanos

Para saber más:

jueves, mayo 27

comprender y entender al diferente

Hace unos días un amigo me envió unas imágenes curiosas sobre la vestimenta de varias mujeres musulmanas. Todas llevaban velo, pero su postura dejaba entrever ropa intima muy moderna.
Recordé que había leído algo sobre la modernización de la mujer árabe y me puse a buscar entre mis papeles. Esto es lo que encontré.
¿Se han preguntado alguna vez qué hay debajo del chador?

Delphine Minoui nos lo descubre en Les Pintades à Téhéran (Las chavalas de Teherán), una crónica apasionante, y apasionada, de la vida cotidiana de las iraníes. Lejos de los tópicos al uso sobre la República Islámica y sus habitantes, la periodista francoiraní se acerca sin prejuicios y con mucho humor a esa mitad del país que está llevando a cabo una verdadera revolución silenciosa ante las barbas de unos dirigentes cada vez más desconectados de la realidad.

Minoui encadena anécdotas que nos van dibujando a las iraníes mejor que cualquier tratado de sociología. Desde cómo colocarse el pañuelo para no parecerse a Doña Rogelia hasta las tribulaciones de las jóvenes ante las restricciones para relacionarse con el otro sexo, su relato nos describe una sociedad en ebullición y llena de contrastes, cuyas mujeres desbordan el molde al que pretenden confinarlas tanto la dictadura religiosa como la mirada occidental.

Así cuenta cómo a la imposición del hiyab, las nuevas generaciones están respondiendo con pañuelos minúsculos y batas cada vez más ajustadas; a las dificultades para divorciarse, con contratos matrimoniales que les garantizan ese derecho (y otros, como poder trabajar o viajar sin permiso del marido), y a la prohibición de cualquier relación sexual no sancionada religiosamente, con estrategias dignas del Ananga Ranga. Su atrevimiento es mucho más que un juego del ratón y el gato con los barbudos que se encargan de mantener un orden moral propio del Medievo. Tal vez la semilla de una revolución silenciosa que saque al país de su atolladero actual.
Sus protagonistas son mujeres de carne y hueso, con sus virtudes y sus vicios. Jóvenes y menos jóvenes. Ricas y pobres. Con y sin estudios. Religiosas y descreídas. Todas por igual desafían el corsé y valen mucho más que la mitad de un hombre que les atribuyen sus leyes.

En Les Pintades à Téhéran hay deportistas, fashion-victims, artistas, contestatarias, trabajadoras, amas de casa y muchas universitarias. Todo un reto para una República Islámica que, al imponerles el hiyab, facilitó el acceso a la enseñanza de las que procedían de familias más conservadoras. Lejos de la sumisión que proyecta el velo, ellas luchan por hacerse su hueco en una sociedad que sigue siendo muy patriarcal y cuyas tradiciones no todas cuestionan con igual ímpetu.
Es cierto que bajo la mirada de la ley islámica, en vigor desde la revolución de 1979 y la instauración de la republica islámica de Irán, la mujer sólo vale la mitad que un hombre. Por lo tanto, el “segundo sexo” no tiene derecho a cantar, a salir a la calle sin pañuelo, a tener acceso a ciertas profesiones como la de jueza. Su día a día está trufado de trampas. Pero también animado por este deseo profundo de transgredir lo prohibido, de dar, cuando la ocasión se presenta, en las narices a la censura, de contonear los obstáculos, a menudo con mucho humor, elegancia y poesía.

El resultado más evidente de esta lucha continua y cotidiana es que el 60% del censo universitario son mujeres. Así y contrariamente a las previsiones, las mujeres están en todas partes: en el parlamento, donde ocupan puestos de diputadas, a la cabeza de grandes empresas, al volante de sus coches… y de sus taxis. Bajo el velo las iraníes tienen las uñas perfectamente pintadas. Y atención, os dicen ellas: Teherán no es ni Riyad ni Kabul. Este es el Irán que se peor se conoce, el de su sociedad vitalista y valiente, que se bate contra un sistema político impuesto.”

Habrá que seguir haciendo un esfuerzo para comprender y entender al otro. ¡Ánimo!

sábado, abril 24

El velo ¿diversidad religiosa o represión de la mujer?

El debate sobre el velo vuelve a España. Con diversos puntos de vista, ideas más o menos preconcebidas. Creemos que existen dos valores, la tolerancia, que nos dice que hay que respetar todas las culturas y la igualdad de genero, que estima que forzar a las mujeres a vestirse de una manera determinada es denigrante. ¿Cuál de estos valores es superior?
Me gustaría contribuir al debate con varias ideas y enlaces a diferentes páginas que os ayuden a encontrar una respuesta a las diferentes preguntas que están sobre la mesa.

1.-¿Qué cubre el velo?

Es un símbolo religioso, pero también es un emblema cultural que hace referencia a más razones que las religiosas. La cultura musulmana obliga sólo a la mujer a usar el hiyab en la esfera pública, a fin de que cubra el elemento que, en el Medio Oriente, tiene más connotaciones eróticas: el cabello. De este modo, se tiende a evitar que la mujer provoque la excitación de los hombres. Será la familia quien se ocupe de buscarle un marido y, una vez casada, ese velo simbolizará la sumisión al esposo.
Los que gritan a los cuatro vientos que las mujeres deben quitarse el velo para ir a trabajar o para ir a estudiar, puede que no estén pensando mucho en esas mujeres. Se empeñan en verlas como víctimas obedientes, pero no tienen en cuenta que ellas también forman parte de una identidad cultural con la que, quizás, estén de acuerdo. Que, tal vez, y como algunas mujeres musulmanas han expresado, llevan el hiyab como símbolo de pertenencia a una cultura que también es la suya, no sólo la de sus hombres, y que, además, simboliza un acto de fe silencioso que lucen orgullosas por todo el mundo. A su vez, muchas mujeres han optado por el uso del velo en su lucha por la igualdad de derechos y la ocupación equitativa del espacio público respecto a los varones, porque han considerado que su uso les facilitaba la disputa y sus objetivos. Entonces, si les quitamos las armas, su batalla pierde fuerza.

2.- Obligación del velo

En contra de lo que pudiera pensarse no es así. El Islam es múltiple y se extiende a través de estados confesionales y laicos, a través sociedades en las que el Islam es mayoritario pero no único y otras en las que no existen apenas no musulmanes; entre naciones chiítas y sunnitas; entre naciones de cultura árabe, persa y asiática. La legislación y la forma en que el Hijab es visto o usado en esos países varia.

Varios países musulmanes como Turquía, Túnez, Argelia y las Repúblicas del Cáucaso no solo no consideran obligatorio el Hijab, sino que lo excluyen del ámbito público oficial. En Turquía y Túnez es ilegal usar el Hijab en la Universidad, o en el desempeño de un cargo público.

En Egipto el Hijab desapareció de las ciudades a mediados del pasado siglo, teniendo mas tarde, en los setentas, un retorno como símbolo cultural, en parte desprovisto de sentido religioso, o como moda, a menudo combinado con vestimentas occidentales.

En Kuwait y las demás monarquías del Golfo, el uso del Hijab es obligatorio para las mujeres musulmanas.

En Sudan es considerado como conducta criminal no cubrirse la cabeza o el usar prendas reveladoras: el castigo actual por desobedecer esa ley es de 40 latigazos por usar pantalones.

Como afirma Vicente Verdú "choca que mientras los alumnos convivan entre sí cordialmente, más allá de laa adscripciones religiosas particulares, venga la autoridad a señalar que todos somos iguales y , en consecuencia, sobran los signos de identidad."

Para saber más:

Hijabs regulados

Hijab y modernidad

El velo (Vicente Verdú en El Boomeran(g))

El velo (Samir Naïr en Foreign Policy)

sábado, febrero 27

fanáticos



El fanático no entiende razones porque el fanatismo no es asunto de razón, sino de sinrazón. En el mundo occidental se ha progresado bastante desde que la Iglesia católica mandaba a los herejes a la hoguera y prohibía que se publicasen novelas o colocaba libros en el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum para prevenir la lectura de libros o trabajos inmorales que contuvieran errores teológicos o morales, y prevenir la corrupción de los fieles; y desde que los puritanos protestantes cerraban teatros.
Afortunadamente la vida se ha secularizado y hay un consenso para separar lo espiritual y lo temporal. Costó mucha sangre, muchas guerras, abusos e injusticias que el cristianismo evolucionase para aceptar esa separación.
La religión musulmana no ha podido hacer aún esta distinción entre Iglesia y Estado, por esos sus fanáticos son tan peligrosos. Estoy convencido de que no todos los musulmanes son fanáticos integristas y que los moderados son la inmensa mayoría, pero no se les oye. No se les escucha. No saben mostrarnos un Islam que pueda ser una religión de nuestro tiempo, humana y tolerante, y al mismo tiempo capaz de evolucionar y adaptarse.
En algunas sociedades islámicas este proceso ya ha comenzado, de manera lenta y en ocasiones con retrocesos serios, pero conviene ser prudentes y animarles a seguir, cuidando nuestras opiniones para no herirles, pero sin cesar de pedirles pasos en la dirección correcta, hay mucho en juego.