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miércoles, junio 29

Para pensar


Llego a esta información  a través de Atrio, son datos, pero creo que merecen la pena ser pensados y reflexionados y que nos debería llamar a actuar.
Los obispos constituyen la institución que menos confianza (3.0) inspira a nuestra ciudadanía, menos incluso que los Bancos (3.6), las multinacionales (3.4) o los partidos políticos (3.2) —en una escala evaluativa de 0 a 10—, según la última oleada del Barómetro Continuo de Confianza Institucional de Metroscopia, que ordena a más de cincuenta instituciones y grupos sociales en función del grado de confianza que infunden. La Iglesia Católica, en su conjunto, obtiene un 4.0 (lo que la coloca en una zona medio-baja del ranking general) y su obra social, que consigue un 4.7, queda situada en una aceptable franja media, junto a los fiscales, por ejemplo, o a los ayuntamientos. No hay pues confusión posible: es específica y exclusivamente a los obispos (que son parte significada de la Iglesia, pero no toda la Iglesia) a quienes nuestra ciudadanía concede el “farolillo rojo”.

¿Anticlericalismo visceral? Parece dudoso: más del 70% de los españoles se definen como “católicos” (con más o menos matices, bien es verdad) y ya ha quedado indicado además cómo otras dimensiones de la Iglesia cuentan con una clara mejor imagen social. ¿Incomodidad entonces ante lo que la ciudadanía probablemente percibe como excesiva propensión por parte de los prelados a intervenir en la vida política, a manifestarse en la calle, a hacer declaraciones altisonantes y en ocasiones dudosamente caritativas? Probablemente. A fin de cuentas, y también según una encuesta reciente de Metroscopia, una masiva mayoría de ciudadanos (74%) considera que los legisladores deben realizar su tarea sin tener en cuenta consideración religiosa alguna. Nuestra sociedad tiene claro que entre lo que son competencias exclusivas "del César" — y no "de Dios"— está el dictar normas jurídicas (que no éticas) para todos, creyentes y no creyentes.  Y no cabe excluir  que la desmesura crítica y las puntillosidades excesivas (en unos temas —ay— más que en otros) antes que iluminar y remover conciencias estén quizá contribuyendo a desconcertarlas y alejarlas: en la actualidad apenasuno de cada cinco españoles se considera “católico practicante”, la cifra más baja de los últimos cincuenta años.
¿Qué pensáis vosotros?

sábado, mayo 14

¡No!

No me gusta el paso que acaba de dar Benedicto XVI con la promulgación de la Instrucción Ecclesia Dei sobre la liturgia dándole a la Misa en latín una paridad con la forma de la liturgia del Concilio Vaticano II que está en vigor dese1970. No sólo para la misa sino también para otros sacramentos.

No me opongo, incluso veo bien, que exista un pluralismo que anime a expresar la fe en distintas formas de culto.

Tampoco  me disgusta la idea en la  que nos anima a considerar esta paridad como “un objeto de reconciliación”. Y que aparece en el mismo documento.

Pero sigo diciendo No ,a los pasos firmes con los que caminamos hacia un pasado que nunca fue mejor. Sigo diciendo No,  al olvido y al intento de borrar todo rastro del Concilio Vaticano II que han ido dando Juan Pablo II y Benedicto XVI en sus papados.

Y continúo diciendo No, a que no se busque con el mismo  interés “como objeto de reconciliación”   la restauración  de tantos teólogos a los que se han censurado y prohibido enseñar,  siendo muchos los cristianos que  alimentan su fe con sus enseñanzas.

Y para terminar sigo diciendo No a las dos maneras de actuar:
  •  Para los que negaron validez al Concilio, una autopista para sus deseos. 
  • Para los intentan animar la fe en el siglo XXI  prohibiciones y censuras.

lunes, marzo 28

Atrio de los gentiles

Palabras de Benedicto XVI a los participantes en la inaguración del Ario de los Gentiles en la catedral de Notre-Dame. Me parece una reflexión interesante y digna de compartirla.

En el corazón de la Ciudad de las Luces, frente a esta magnífica obra maestra de la cultura religiosa francesa, Notre-Dame de París, se abre un gran atrio para dar un nuevo impulso al encuentro respetuoso y amistoso entre personas de convicciones diferentes. Vosotros jóvenes, creyentes y no creyentes, igual que en la vida cotidiana, esta noche queréis estar juntos para reuniros y hablar de los grandes interrogantes de la existencia humana. Hoy en día, muchos reconocen que no pertenecen a ninguna religión, pero desean un mundo nuevo y más libre, más justo y más solidario, más pacífico y más feliz. Al dirigirme a vosotros, tengo en cuenta todo lo que tenéis que deciros: los no creyentes queréis interpelar a los creyentes, exigiéndoles, en particular, el testimonio de una vida que sea coherente con lo que profesan y rechazando cualquier desviación de la religión que la haga inhumana. Los creyentes queréis decir a vuestros amigos que este tesoro que lleváis dentro merece ser compartido, merece una pregunta, merece que se reflexione sobre él. La cuestión de Dios no es un peligro para la sociedad, no pone en peligro la vida humana. La cuestión de Dios no debe estar ausente de los grandes interrogantes de nuestro tiempo.

Queridos amigos, tenéis que construir puentes entre vosotros. Aprovechad la oportunidad que se os presenta para descubrir en lo más profundo de vuestras conciencias, a través de una reflexión sólida y razonada, los caminos de un diálogo precursor y profundo. Tenéis mucho que deciros unos a otros. No cerréis vuestras conciencias a los retos y problemas que tenéis ante vosotros.

Estoy profundamente convencido de que el encuentro entre la realidad de la fe y de la razón permite que el ser humano se encuentre a sí mismo. Pero muy a menudo la razón se doblega a la presión de los intereses y a la atracción de lo útil, obligada a reconocer esto como criterio último. La búsqueda de la verdad no es fácil. Y si cada uno está llamado a decidirse con valentía por la verdad es porque no hay atajos hacia la felicidad y la belleza de una vida plena. Jesús lo dice en el Evangelio: “La verdad os hará libres“.

Queridos jóvenes, es tarea vuestra lograr que en vuestros países y en Europa creyentes y no creyentes reencuentren el camino del diálogo. Las religiones no pueden tener miedo de una laicidad justa, de una laicidad abierta que permita a cada uno y a cada una vivir lo que cree, de acuerdo con su conciencia. Si se trata de construir un mundo de libertad, igualdad y fraternidad, creyentes y no creyentes tienen que sentirse libres de serlo, iguales en sus derechos de vivir su vida personal y comunitaria con fidelidad a sus convicciones, y tienen que ser hermanos entre sí. Un motivo fundamental de este atrio de los Gentiles es promover esta fraternidad más allá de las convicciones, pero sin negar las diferencias. Y, más profundamente aún, reconociendo que sólo Dios, en Cristo, libera interiormente y nos permite reencontrarnos en la verdad como hermanos.

La primera actitud que hay que tener o las acciones que podéis realizar conjuntamente es respetar, ayudar y amar a todo ser humano, porque es criatura de Dios y en cierto modo el camino que conduce a Él. Continuando lo que estáis viviendo esta noche, contribuid a derribar los muros del miedo al otro, al extranjero, al que no se os parece, miedo que nace a menudo del desconocimiento mutuo, del escepticismo o de la indiferencia. Procurad estrechar lazos con todos los jóvenes sin distinción alguna, es decir, sin olvidar a los que viven en la pobreza o en la soledad, a los que sufren por culpa del paro, padecen una enfermedad o se sienten al margen de la sociedad.
Queridos jóvenes, no es sólo vuestra experiencia de vida lo que podéis compartir, también vuestro modo de orar. Creyentes y no creyentes, presentes en este atrio del Desconocido, estáis invitados a entrar también en el espacio sagrado, a franquear el magnífico pórtico de Notre-Dame y entrar en la catedral para hacer un rato de oración. Esta oración será para algunos de vosotros una oración a un Dios conocido por la fe, pero también puede ser para otros una oración al Dios Desconocido. Queridos jóvenes no creyentes, uniéndoos a aquellos que en Notre-Dame están rezando, en este día de la Anunciación del Señor, abrid vuestros corazones a los textos sagrados, dejaos interpelar por la belleza de los cantos, y si realmente lo deseáis, dejad que los sentimientos que hay dentro de vosotros se eleven hacia el Dios Desconocido.

Me alegro de haber podido dirigirme a vosotros esta noche en esta inauguración del atrio de los Gentiles. Espero que respondáis también a otras convocatorias que os propongo, especialmente a la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará este verano en Madrid. El Dios que los creyentes aprenden a conocer os invita a descubrirlo y vivir con Él cada vez más. ¡No tengáis miedo! Caminando juntos hacia un mundo nuevo, buscad al Absoluto y buscad a Dios, incluso vosotros para quien Dios es el Dios Desconocido.

Y que Aquel que ama a todos y a cada uno de vosotros os bendiga y os guarde. Él cuenta con vosotros para cuidar de los demás y del futuro. También vosotros podéis contar con Él

Información publicada en Atrio

martes, diciembre 14

Y Benedicto XVI habló…


Uno de los grandes problemas que se ha convertido en el emblema de la incompatibilidad entre la Iglesia y la cultura moderna es el uso de los anticonceptivos no naturales.

Benedicto XVI ha dado un paso valiente hacia adelante: El uso del preservativo puede justificarse en determinados casos. Muchas personas opinan que una persona infectada por el virus del sida debería usar el preservativo para evitar infectar a su pareja.

Inmediatamente han saltado a la palestra muchos estudiosos, obispos, periodistas que han querido matizar las palabras del Papa. Incluso después de que este haya llegado a decir que sus palabras no necesitan matizaciones.

Uno de los que en un sentido negativo más se ha significado ha sido el portavoz de la Conferencia Episcopal  al que le ha faltado tiempo para decir que el uso del preservativo es siempre inmoral.

Siguiendo la idea que persigue este modesto blog de hacer camino al andar, os dejo una serie de documentos que pueden servir para que os hagáis una idea más completa de este tema.
En mi modesta opinión, el pueblo sencillo ya ha superado este debate en su conciencia y lo ve como un tema muy superado.

Para seguir haciendo camino:

Luz del mundo: Libro entrevista 
Iglesia y preservativo: El no de los intrasigentes 
El Papa desciende de la cátedra: Sandro Magister

Los enlaces anteriores provienen del blog del Vaticanista italiano Sandro Magister: Chiessa 

Continuaremos con otras opiniones

lunes, septiembre 6

Iglesia y cultura cada vez más lejos

El matrimonio ya no es el resultado natural del noviazgo. Muchas de las parejas que deciden casarse lo hacen tras experiencias más o menos largas de convivencia. Muchos católicos aceptan con naturalidad este estilo de vida sin sentir que esté en juego su fe o su pertenencia religiosa a la Iglesia.

Esta postura no es contra la Iglesia sino que se hace al margen de ella. Suele ser el resultado de una búsqueda personal sencillamente ajena a todo lo que no se experimenta como significativo por si, más allá de lo que la Iglesia diga, permita o prohíba.

No cabe duda de que existe una brecha, que se va agrandando, entre la Iglesia y la cultura, entre sus enseñanzas y la vida en la sociedad. Esta pérdida de relevancia suscita desde hace años, serias tensiones entre los que se aferran en defensa de la doctrina segura y quienes en el otro extremo buscan llegar a las personas.

¿Cómo encarar este desafío? Ante todo, dejando de “correr detrás" de los cambios, para comenzar a anticiparnos a ellos. Una mejor comprensión de los fenómenos sociales permitiría que la misma verdad poseída pueda inspirar respuestas más ajustadas a los “signos de los tiempos”.

¿Debería la Iglesia en el futuro cambiar sus preceptos, o renunciar sin más a ellos para conformarse con formular “ideales”? Evidentemente que no. Pero en el campo normativo, cuya materia es variable y contingente por definición, siempre es posible dar a las normas morales formulaciones más adecuadas a las peculiaridades de las diferentes situaciones, y juntamente con ello, elaborar criterios prudenciales más aptos para guiar el discernimiento de los fieles.


Para saber más:
Revista Criterio: ¿Iglesia y cultura cada vez más lejos?
Jacques Arènes , “La derrota del hombre heterosexual”,

viernes, junio 11

de qué tiene miedo la iglesia

La revista mensual de pensamiento y cultura El ciervo dedica varias páginas a un tema muy interesante para los católicos: De qué tiene miedo la Iglesia. Opinan que la reacción de la jerarquía eclesiástica ante los escándalos o ante los retos no suele ser una respuesta de calma y confianza.

Publica en su página web varios artículos tratando desde distintos puntos este tema con autores reconocidos y de prestigio.

Me parece interesante dejaros los enlaces a los diferentes artículos y que seáis vosotros mismos quienes opinéis sobre si es verdad que existe miedo en la iglesia o si son los demás quienes  lo sienten así.

Dolores Aleixandre titula su artículo: Una forma de desnudez
José María Castillo , Un pretexto para el poder
Juan Martín Velasco, Privilegio en jaque
Juan Rubio Fernández, El polvo que no se limpió.

Creo que son interesantes y nos pueden ayudar a reflexionar sobre una  visión de la iglesia actual en momentos difíciles, buscando su lugar en este mundo del siglo XXI.

sábado, mayo 15

Carta abierta al Papa


Os dejo una carta abierta a Benedicto XVI.; La he visto publicada en Atrio, tomada a su vez de Il dialogo una web italiana. Esta firmada por un grupo de mujeres que han mantenido o mantienen relación sentimental con algún sacerdote o religioso. Hablan de un problema que ha vuelto al primer plano en la iglesia después de los escándalos de pedofília. Mi intención es dar a conocer lo que se piensa y se escribe referente a la iglesia y que cada uno en uso de su libertad acepte todo o parte o nada.

Al Papa Benedicto XVI:

Quién escribe es un grupo de mujeres, de todas las partes de Italia, que han vivido o viven todavía ahora la experiencia de una relación con un sacerdote o un religioso. Estamos acostumbradas a vivir en el anonimato esos pocos momentos que el sacerdote logra otorgarnos y vivimos diariamente las dudas, los temores y las inseguridades de nuestros hombres, supliendo sus carencias efectivas y sufriendo las consecuencias de la obligación al celibato.

La nuestra es una voz que ya no puede seguir siendo ignorada, a partir del momento en que escuchamos que se reafirma la sacralidad de lo que no tiene nada de sagrado, de una ley que se conserva sin atender a los derechos fundamentales de las personas. Nos hiere el desprecio con que desde hace siglos y en declaraciones recientes se trata de silenciar el grito de hombres y mujeres que sufren en el sudario ya rasgado del celibato obligatorio.

Intentamos reafirmar –aunque ya gran parte de los cristianos lo sepa– que esta disciplina no tiene no nada a que ver ni con las escrituras en general, ni con los Evangelios en particular, ni con Jesús, que de ello jamás habló.

Todo lo contrario. En cuanto podemos saber, a Él le gustaba rodearse de discípulos, casi todos casados, y de mujeres. Nos diréis que también Jesús vivió soltero y el sacerdote simplemente se configura a Él con su elección. Está bien, una elección. Pero una norma no puede ser nunca una elección, si no es forzando su sentido. Si además se la define como carisma, no puede por tanto a ser impuesta ni exigida, mucho menos por el Señor, que nos ha querido libres, porque el amor es libertad, desde siempre.

¿Es, por lo tanto, razonable pensar que Él pretendiera negar ciertas expresiones de amor y libertad a algunos de sus discípulos?

Son bien sabidas comúnmente las razones que, con el tiempo, impulsaron a la jerarquía eclesiástica a introducir esta disciplina en el mismo sistema jurídico canónico: el interés y la conveniencia económica. Después, a lo largo de los siglos, todo ha sido adobado con una cierta dosis de misoginia y de hostilidad hacia el cuerpo, las pulsiones psicológicas y sus exigencias primarias.

Es por tanto una ley “humana”, en el sentido amplio del término. Y hay que partir de esta evidencia, para preguntarse si, como en todas las leyes humanas, en un cierto momento histórico, no sera necesario volverla a plantear y modificar o incluso, cómo deseamos, a eliminarla del todo.

Para hacer esto, es necesaria mucha humildad, mucho valor, el de desligarse de las lógicas del poder para descender con sinceridad al el mundo de los hombres al que, guste o no, también pertenece el sacerdote.

Citamos a Eugen Drewermann (“Clérigos. Psicodrama de un ideal”, Trotta, 1995),:

“Según la ideología teológica la persona del clérigo individual se parece a a un cubo de agua: es necesario vaciarlo completamente de su contenido para rellenarlo nuevamente hasta el borde pesar de todo lo que a los superiores eclesiásticos parece conveniente. De esta manera se neutraliza toda la esfera de los sentimientos humanos a favor del decisionismo del poder. De todo la gama de posibles relaciones humanas sobrevive sólo un tipo de relación: la que corresponde al orden y la sumisión, el ritual del amo y el sirvo, la abstracción y la reducción de la vida al formalismo de la observancia de determinadas instrucciones”.

No es un asunto de tener más tiempo para dedicarlo a los otros, como expresa la más repetida entre las innumerables frases que utilizan los que afirman que el clérigo no deba y no pueda tener una compañera, sino más bien el rechazo de la idea de que él pueda disfrutar de de una presencia sentimental más íntima y personal, a veces incluso de las mismas amistades.

De hecho, continúa Drewermann,:

“la identificación obligatoria con el papel profesional no le permite vivir a uno mismo como persona y no le queda otra posibilidad que fingir el calor humano, la cercanía emocional, la comprensión pastoral, la empatía, haciendo simulaciones, en vez de para vivir de manera auténtica”.

Según esta visión institucionalizada, el sacerdote se realiza en su ministerio, a través del orden sagrada, solo como soltero y para toda la vida. Pero la decisión presumiblemente libre de un joven muchacho, el entusiasta con la gran propuesta que piensa haber recibido, no presupone que su profunda adhesión al mensaje de Jesús no pueda crecer, madurar, cambiar e incluso se exprese mejor, a un cierto punto, a través de un presbiterado casado. Simplemente es esto lo que sucede, lo que no se está en condiciones de ver ni de valorar plenamente.

Una elección de este tipo no puede ser inmutable, y no se trata ni de una traición ni, mucho menos, de una caída o una infracción, porque el amor no va en contra del amor. Y el sacerdote, como cualquier ser de humano, tiene necesidad de vivir con sus semejantes, de experimentar sentimientos, de amar y de a ser amado y también de confrontarse profundamente con el otro, cosa que difícilmente está dispuesto a hacer por temor de exponerse al peligro.

Tras la cortina del dicho y no-dicho, esto es lo que estamos viviendo. Y ‘como si este sistema eclesiástico, con sus reglas, lograra aprisionar la parte más sana de todos nosotros.

¿Qué sucede, de hecho, si el sacerdote se enamora? Puede escoger:

*
1. Sacrificar las propias exigencias y los propios sentimientos, así como los de la mujer, a favor de un “bien más grande” (¿cuál?)
*
2. Vivir la historia en clandestinidad, con la ayuda y la complicidad de los mismo superiores a veces; es suficiente que no se llegue a saber y que no de dejen vestigios (es decir, hijos)
*
3. Tirar la sotana, expresión usual que define la elección de alguien que no puede más, es decir, de un traidor.

Cada uno de estas opciones les provoca un dolor grande a las personas implicadas, que, vayan las cosas como vayan, tienen mucho que perder.

¿Y cuáles son las opciones de la mujer?

*
1. Inmolar las propias exigencias y los propios sentimientos a favor de “un bien más grande uno” (en este caso, el bien del sacerdote)
*
2. Aceptar vivir la historia en secreto, pasando el resto de su vida a la espera de que el sacerdote pueda dedicarle algún pellizco de su tiempo, momentos robados, sacrificando el sueño de una historia junto a un hombre “normal”
*
3. Soportar el peso de quien obligó al sacerdote “tirar la sotana “, aparte de compartir el peso de su presunto “fracaso”.

Un sacerdote que se sale es considerado como “el que no logró llevar adelante la gran renuncia necesaria “, y por lo tanto de algún modo es marginado. Y esto es una cosa difícil de soportar, para uno que está convencido a ser “un escogido, uno que recibió una llamada especial”, un Alter Christus, que con un gesto solo de las manos consagra, transforma la naturaleza de las cosas … que perdona, que salva!

¿Es posible renunciar a todo esto? ¿Y para qué?

Para una vida normal de la pareja, que suena a asunto banal en comparación con los poderes que el “funcionario de Dios” puede ejercer a través del orden sagrado.

Y, sin embargo, una de las frases más recurrente de los sacerdotes a sus “compañeras”, lo resume en pocas palabras: “te necesito para ser lo que soy“, es decir, un sacerdote.

¡No se asombre, Santidad! Para lograr ser testigos efectivos de la necesidad del amor tienen necesidad de personificarlo y vivirlo plenamente, de la forma que su naturaleza lo exige. ¿Es una naturaleza enferma? ¿Trasgresora?

Si se entiende bien, esta expresión manifiesta la urgencia de ser también parte de un mundo a dos, de poder ejercitar ese derecho natural y fundamental de quien a menudo la iglesia institucional habla en la solemnísimas y latinas encíclicas, reservado claramente únicamente a los laicos, y negado a los clérigos, que llegan a ser tan sobrenaturales, tal separados de los todos los otros, que no logran ni distinguir lo que les rodea.

¿Pero es posible que Usted no logre ver que el sacerdote es un ser dolorosamente solo? Tiene un montón de cosas que hacer, que le llenan el día y le vacían el corazón. A menudo ni se da cuenta de ello, aprisionado como está de las liturgias y de los deberes de su oficio. Y puede suceder que entre sus conocidos haya una persona un especial que parece, ya desde la primera mirada, hecha expresamente para calentarle el corazón, completando y enriqueciendo también el ministerio. Y esto es simplemente lo que sucede frecuentemente.

Pero la disciplina eclesiástica le dice “No, tú has sido escogido para algo mucho más grande”. Y se siente culpable, porque él no es capaz de imaginar algo más grande de lo que está experimentando. Pero se fía de la obediencia que ha prometido, pensando que representa la voluntad de Dios, su plan para él y para los que son como él. El heroico célibe vuelve por lo tanto al estrado de una institución que lo pretende así y que incluso ha dispuesto ya una promoción a cambio de la necesaria separación.

¿Y todo esto ruina en el nombre de qué amor?

Lo que hace ocultar, lo que hace renunciar, lo que hace mal, no es el amor del Padre. Citamos finalmente una conclusión de Drewermann:

“El Dios de quien hablaba Jesús quiere precisamente lo que la iglesia católica hoy teme más que nada: una vida humana libre, feliz y madura, que no nace de la angustia, sino de la confianza obediente y que es liberado de las limitaciones de la tiranía de una teología tradicional que prefiere buscar la verdad de Dios en las escrituras sagradas antes que en la santidad de la vida humana”.

Antonella Carisio, Maria Gracia Filippucci, Stefania Salomone… junto a otras … también en nombre de todos quienes sufren a causa de esta ley injusta.

La imagen que acompaña es la misma de Atrio, La muchacha está “crucificada”:
contra las espaldas del muchacho, no clavada, sino colgando, resignada, serena; como parada contra una pared y esperando.

viernes, mayo 14

poner la cruz

¿Vale la pena poner la cruz en la casilla de la Iglesia Católica en la declaración de la renta? La respuesta es sí. La Iglesia es mucho más que algunos miembros del clero no muy honrados o ciertas declaraciones de la jerarquía. Ahora más que nunca , vale la pena marcar con dos cruces  las dos casillas, la de la iglesia y la de otros fines sociales.
Más que nunca porque las necesidades básicas se han incrementado. Muchas ONG y de manera muy destacada de la Iglesia Católica realizan una labor social muy eficaz. Y más eficaz lo será si se cuenta con la solidaridad de los contribuyentes, sean creyentes o no.
Hoy existen gentes de iglesia, o no, que dan de comer al hambriento y de beber al sediento. Porque hoy hay literalmente hambre y sed.

Por eso, se sea creyente, o no, vale la pena poner la cruz en la declaración del IRPF. A pesar de todo. No hacerlo porque haya curas que deban estar en la cárcel o no nos guste la actuación de la Jerarquía Eclesiástica sería un flaco favor al "hermano" que vive a nuestro lado.

miércoles, mayo 12

clausura

Que Internet es una caja de sorpresas es algo muy sabido. Que está lleno de basura también. Pero en muchas ocasiones es fácil encontrarse con perlas como las que hoy os enseño.

Llego a Entropía, el suplemento que ordena la realidad,  a través del blog  la buena prensa. Me encuentro con una revista visualmente muy agradable y con contenidos atractivos, lejos de los cotidianos en otras publicaciones; que en su editorial afirma que existen para proporcionarle libertad al lector, libertad que llega a través del conocimiento.  Un buen principio.

Curioseo, miro su  galería de fotos, parte de ella la podéis ver en este blog, entro en su web y llego a la edición  impresa. 108 páginas  que invitan a adentrarse en su lectura.
Entre ellas un reportaje sobre la vida de 26 monjas en Alloz, Navarra, en un convento cisterciense. Reportaje realizado por una agnóstica a quien su editor le pide que no se deje llevar por los prejuicios y que su mirada sea honrada.

No os cuento más, seguid el enlace a sus páginas: clausura  y leerlas, merecen la pena.


Seguiré sus próximos números, me interesa el aire fresco en nuestra prensa.



jueves, mayo 6

¡mirad como se apedrean!

Hoy publico un artículo que he leído en atrio . Se hace eco del publicado por Jairo del Agua en el blog que magníficamente escribe en periodista digital. Las imágenes que utilizo son las mismas que se publican allí. Y lo hago por estar totalmente de acuerdo con su contenido. Creo que leerlo y reflexionarlo nos puede ayudar a hacer camino al andar. Puede parecer largo, pero no tiene desperdicio.

¿Existen católicos “no cristianos”?

Pues parece que sí, puesto que existen católicos de faca al cinto que arremeten contra todo lo que se mueve.

Los hay y los ha habido siempre a lo largo de nuestra historia. Pero ahora muchos de ellos pululan por Internet como “blogger” o como comentaristas y arremeten contra cualquier viento nuevo sin compasión ni modales.

Y lo hacen de forma reiterada, consciente, violenta, frecuentemente embozados en seudónimos y datos falsos. Es uno de los fenómenos actuales que más me llaman la atención.

Sin embargo los cristianos somos, ante todo, personas libres porque libres nos creó el Creador y porque a liberarnos vino el Señor. He aquí algunas pruebas:

“El Señor es Espíritu y donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad” (2Cor 3,17).
“Hablad y obrad como quien debe ser juzgado por una ley de libertad” (Sant 2,12).
“Pero ahora, al morir a la ley, a la cual estábamos sujetos, hemos quedado libres para servir a Dios no conforme a la letra de la vieja ley, sino conforme a la nueva vida del Espíritu” (Rom 7, 6).
“Cristo nos ha liberado para que seamos hombres libres… Los que queréis ser justificados por la ley quedáis desligados de Cristo y separados de la gracia. Nosotros aguardamos la justicia esperada por la fe, mediante la fe del Espíritu… Lo que importa es la fe y que esta fe se exprese en obras de amor… Pero si os mordéis y devoráis los unos a los otros, llegaréis a destruiros mutuamente… Pues si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son bien claras: lujuria, impureza, desenfreno, idolatría, supersticiones, enemistades, disputas, celos, iras, litigios, divisiones, partidismos, envidias…” (Gal 5,1 y ss).
Los supuestos católicos de armadura y pica demuestran muy poco respeto a la libertad. Por ahí ya empiezan a descalificarse como cristianos.

Si no te gusta un articulista, no lo leas. Si una opinión te parece contraria a la verdad, aporta la tuya con respeto.

¿Por qué ese afán de dar espadazos a diestro y siniestro?

“No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos sólo con lo bueno” (1Tes 5,19).
Y toma sólo lo que hoy puedas digerir:

“Os di a beber leche, no alimento sólido, porque no lo podíais soportar; ni podéis todavía, pues aún sois carnales. Desde el momento que hay envidias y discordias entre vosotros, ¿no es porque aún sois carnales y vivís a lo humano? Porque cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y otro: «Yo de Apolo», ¿no procedéis de una manera puramente humana?” (1Cor 3,2).
Pero hay más. Para los cristianos es básica la omisión de juicio:

“No juzguéis y no seréis juzgados” (Mt 7,11). “Así pues, nada juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor, que iluminará los escondrijos de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones del corazón, y entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que merezca” (1Cor 4,5).
No todos vemos lo mismo, ni hemos adquirido los mismos conocimientos, ni tenemos el mismo desarrollo personal. ¿Quién te dice a ti que ése que escribe o habla no lo hace desde lo mejor y gratuitamente? Sólo eso merecería un delicado respeto:

“Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (He 4,20).
Sin embargo, estos “católicos de papel” prefieren cualquier papel doctrinal, por apolillado que esté, a la Escritura y descargan sus arcabuces verbales contra sus hermanos por saltarse no sé qué canon, número del catecismo o superada interpretación.

Olvidan que todo compendio doctrinal requiere permanente actualización, que los papeles y cuadrículas son tantos que es imposible mantenerlos al día. Así nos encontramos con que parte del Catecismo oficial se ha quedado obsoleto (hay puntos y temas de urgente reforma), que la Liturgia tiene gazapos escondidos en la rutina (en contra de los que todavía afirman que “lex orandi, lex credendi”: todo lo que se ora hay que creerlo; al parecer, aunque sea erróneo), que la selección del Leccionario es inapropiada para nuestros días (no lo digo yo, lo dijo el Sínodo de Obispos en octubre 2008), etc.

Estos católicos en celo -o lo que sean- se comportan como los apóstoles antes de su conversión:

“Pero los samaritanos no lo recibieron porque iba camino de Jerusalén. Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió: No sabéis de qué espíritu sois, porque este Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos” (Lc 9,53).
O, lo que es peor, se muestran como los nuevos fariseos:

“Los guardias respondieron: «Nadie habló jamás como habla este hombre». Los fariseos les dijeron: «¿También vosotros os habéis dejado engañar? ¿Ha creído acaso en él algún jefe o algún fariseo? Esa gente que no conoce la ley son unos malditos»” (Jn 7, 45). “A algunos que, pensando estar a bien con Dios, se sentían seguros de sí y despreciaban a los demás, les dirigió esta parábola: Dos hombres fueron al templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano” (Lc 18,9).
¿Qué más dijo el Señor de los fariseos?

Los que escriben o comentan en los “blogs” o en cualquier foro -virtual o real- con los bolsillos cargados de pólvora y los ojos cegados de ira olvidan una verdad evidente: la vida del hombre sobre la tierra es progresiva -individual y colectivamente- como lo es la revelación del Espíritu. Al menos lo es nuestra capacidad de descubrirla:

“Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que os dirá lo que ha oído y os anunciará las cosas venideras” (Jn 16,12).
Olvidan igualmente que la “doctrina oficial”, ciertamente muy valiosa, constituye la señalización conocida y recomendada para un momento dado. Pero nada impide que se puedan descubrir nuevos caminos y luces, accesos anteriormente ocultos.

Apedrear a los buscadores sinceros porque hablan lenguas nuevas es tan necio como negarse a usar los inventos recientes o desechar los descubrimientos científicos. Me gusta preguntar: ¿Qué hubiera sido de los israelitas sin los exploradores o los profetas?

Y por último, olvidan un valor básico para cualquier cristiano: la prioridad de la Paz. Somos discípulos de un pacifista. Lo que no quiere decir que seamos flojos, débiles, vencidos, ni cobardes.

Todo lo contrario. Para ser pacifista, para salir a la palestra armado solamente con el deseo de hacer el bien, hay que ser muy fuerte, muy profundo y muy cristiano.

Después de tantas “guerras de religión” y “abusos contra las personas” con los que hemos deshonrado a la Iglesia, por fin Juan Pablo II nos lo dijo muy claro: “La fe se propone no se impone”, por muy reluciente, excelsa e irrevocable que nos parezca nuestra fe particular. Ni tú, ni yo, ni nadie, tenemos derecho alguno a “excomulgar” a quien no se expresa como yo pienso, digo o practico. Proponer es lo nuestro, nunca imponer. Y menos con las envenenadas armas de la injuria, la maledicencia, la difamación o la calumnia.

Si lo que éste o aquél afirman haber descubierto no te hace bien, pues sigue tu camino y tu conciencia.

Desde luego yo nunca pretenderé imponerte lo que escribo. Si escribo es porque deseo hacer el bien. Es más, porque muchas personas me confirman reiteradamente que les hace bien lo que escribo. ¿Negaré a otros escritores católicos, estudiosos, teólogos, escriturarios, etc. esa misma recta intención?

No creo que se pueda ser católico sin ser cristiano, a pesar de los violentos de todas las épocas. Aunque nuestra intención sea erradicar el error y el supuesto mal que vemos en ojo ajeno, nunca podemos pretender arrancarlo violentamente.

Lo dice el Evangelio y lo olvidan, incluso, muchos guías espirituales:

“¿Quieres que vayamos a arrancarla? Les contestó: ¡No! No sea que, al recoger la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega” (Mt 13,28).
¿Qué doctrina oficial avala entonces a ésos que no se separan de la guadaña?

Muchos, demasiados católicos, olvidamos nuestras señas de identidad y hacemos el ridículo más sonoro.

El signo por el que empezó a reconocerse a los cristianos fue aquella rotunda admiración: “¡Mirad cómo se aman!” [1].

Hoy día, cualquiera que surfee un poquito por páginas religiosas podría decirnos: ¡Mirad cómo se insultan, juzgan y apedrean! ¿Por qué? Porque olvidamos el Evangelio y negamos el Espíritu.

Repetimos lo mismo que nuestro Señor censuró: el fanatismo, el rigorismo humano y la rigidez de una religión miope que se apega a lo secundario (letra, rito, doctrina y tradición) y olvida lo principal (el amor, el Espíritu y el camino a la plenitud). Nos lo dejó clarísimo en su testamento:

“Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, amaos también entre vosotros. En esto conocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros” (Jn 13,34).
Cuando oigas o leas palabras nuevas, interpretaciones distintas, voces inéditas, tómalas o déjalas, cuestiónate o sigue por la senda de lo trillado. ¡La elección es tu derecho!

Pero no acuses a nadie de hereje o de enemigo. Antes de descalificar, agredir o matar relee el martirio de san Esteban:

“Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios». Ellos, lanzando grandes gritos, se taparon los oídos y se lanzaron todos a una sobre él; lo llevaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo” (He 7,56).
¿No hacemos hoy lo mismo?

A esos católicos inmovilistas de agresión rápida y verbo ofensivo les recordaré:

“El cristianismo es Camino que hay que caminar, Verdad que hay que descubrir y Vida que hay que desarrollar”.

El inmovilismo es contrario al cristianismo: “Jesús le dijo: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos»” (Mt 8,22).

La prueba final es breve y rotunda:

“Por sus frutos les conoceréis” (Mt 7,20).
Si se apedrean entre sí o apedrean a otros, ni católicos ni cristianos; sólo violentos y agresivos homínidos. Confundir religión con violencia -sea en el grado que sea- es una de las mayores degradaciones de nuestra historia y la negación de nuestra identidad.

Jairo del Agua

martes, abril 27

La crisis de la pederastia en la Iglesia

Los cargos
New York Times (NYT) publica (12/3/10) que en 1980 la archidiócesis de Múnich y Freising, siendo Joseph Ratzinger obispo, acogió y finalmente reincorporó a un sacerdote acusado de abusar sexualmente de niños. El cura perpetró más tarde nuevos abusos y fue procesado. Como se ha demostrado después, quien tomó la decisión de readmisión no fue Ratzinger sino el vicario general: la reasignación tuvo lugar en septiembre de 1982, cuando Ratzinger ya estaba en Roma .
Por las mismas fechas (5/03/10) se intenta implicar al hermano de Ratzinger, pero la acusación no se sostiene.
La respuesta de Benedicto XVI
Benedicto XVI (19/03/10) escribe una carta a los católicos de Irlanda [ castellano] sobre los abusos a niños y jóvenes por parte de clérigos, destapados por los informes Murphy (julio 2009) y Royan (mayo 2009). Irlanda es el segundo país tras Estados Unidos donde se investiga a fondo.
En la misiva, Benedicto XVI apunta 8 causas de este desastre: 1) inadecuada respuesta a la secularización, 2) descuido de prácticas sacramentales y devocionales (confesión frecuente, oración diaria y retiros anuales), 3) tendencia a adoptar formas de pensamiento y juicio sin referencia suficiente al Evangelio; 4) tendencia a evitar enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares; 5) procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; 6) insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; 7) tendencia social a favorecer el clero y otras figuras de autoridad y 8 ) preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y para evitar escándalos.
A las víctimas dice: “Habéis sufrido inmensamente y eso me apesadumbra en verdad. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. (…) Es comprensible que os resulte difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza”. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños: “Debéis responder de ello ante Dios todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos”. A los obispos: ”No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores habéis fallado, a veces gravemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones”.
Benedicto XVI propone cinco medidas: 1) un año de penitencia, 2) redescubrir el sacramento de la Reconciliación (la confesión), 3) fomentar la adoración eucarística; 4) una Visita Apostólica (una inspección) en algunas diócesis, seminarios y congregaciones religiosas; 5) una misión para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. En otras palabras: hacer limpieza.
Más cargos aún
El 24/03/10, NYT apunta directamente a Benedicto XVI como responsable de un caso, cuando era todavía cardenal: el de Lawrence Murphy, que abusó de niños sordos en los 70 en Milwaukee y no fue condenado ni por la justicia ordinaria ni por el arzobispado. Como se ha visto después, la falta de diligencia en el castigo del malhechor fue culpa del propio arzobispado local: el caso no llegó al Vaticano hasta los 90.
El 2/2/10 Associated Press lanzó otra acusación contra Benedicto XVI, cuya pruebas se demostraron falsas. El 9/4/10 volvió a la carga NYT con más acusaciones, con igual suerte.
En resumen, las acusaciones contra la Iglesia son tres: 1) algunos sacerdotes católicos abusaron de niños, 2) muchos obispos lo ocultaron, y 3) Benedicto XVI es personalmente responsable. Con datos en la mano, el n. 1 es lamentablemente cierto en una ínfima minoría del colectivo; n. 2 se afirma en determinados prelados y n. 3 es rotundamente falso.

Las consecuencias

Algunos piden juzgar al Papa por encubrimiento, y aprovechan para suspender al catolicismo en su conjunto. Otros de funesto recuerdo ya habían intentado, tiempo atrás usar los delitos de unos pocos para desacreditar a toda la institución. Algunos abogados intentan sacar provecho. No han faltado voces amigas del Papa desde el judaísmo, desde el agnosticismo y, en general, desde ambientes intelectuales.

El Vaticano ha puesto sobre la mesa la información que tiene. Tal ejercicio de transparencia ha llegado al extremo de que el fiscal del Vaticano hable sobre los casos de abusos en una documentada entrevista. La Santa Sede ha publicado los reglamentos por los cuales se juzgan estos casos y abundante documentación.

Dentro de la Iglesia, ha habido partidarios de la ruptura y partidarios de la renovación. Ruptura: 1) algunas voces reclaman una revisión del celibato y de la moral católica, aunque expertos y opinadores incluso no católicos han denunciado con datos la inexistencia de tal vinculación causa-efecto. 2) exponentes antirromanos de cierta edad han reclamado la dimisión del Papa o una reforma.

Renovación: muchos han aplaudido el posicionamiento de Benedicto XVI de tolerancia cero, petición de perdón y penitencia y conversión. Muchos católicos han salido de la perplejidad buscando la verdad de los hechos. La operación limpieza iniciada años atrás ha retomado impulso: desde la carta a Irlanda han dimitido dos obispos irlandeses, un americano, un alemán, un noruego y un belga. El liderazgo interno de Benedicto XVI es mayor ahora: se percibe Benedicto XVI como parte de la solución, y no parte del problema.
Además de la Iglesia, pocos han priorizado la protección de las víctimas y las medidas para acabar con la pederastia. Es una lástima, tanto más cuando se constata que es un problema transversal: afecta más gravemente a muchos otros colectivos sociales. Países como Alemania, ya lo afrontan globalmente. Algunos articulistas han apuntado a la culpa que en la extensión del fenómeno haya podido tener la revolución sexual de los sesenta y su simpatía declarada hacia la pedofilia.

Más datos y análisis:

Zozobra en la barca de Pedro
Pedofilia y poder sagrado 
La mentalidad sumisa
Carta abierta a los obispos de Hans Küng