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martes, julio 5

Los peligros de la oración

Me llegó un correo electrónico invitándome a rezar por la paz, haciéndolo todos los días a la misma hora durante un minuto. Parece que durante la Segunda Guerra un consejero de Churchill hizo la misma invitación a los ingleses y pararon los bombardeos. Parece tan sencillo y cuesta tan poco dedicar un minuto por día a dicha convocatoria que creo que vale la pena intentarlo.

Pero, más allá de si creemos o no en los efectos milagrosos de la oración, me doy cuenta de que rezar es peligroso. Esto lo aprendí hace años, en la película “Tierra de Sombras” que relata la vida de C. S. Lewis. En un diálogo que éste mantiene con su obispo sobre si estaba rezando o no luego de la muerte de su esposa, Lewis responde: “no puedo evitar rezar, pero la oración no lo cambia a Dios, me cambia a mí”.

He meditado sobre esta frase muchas veces, dándome cuenta que cualquier oración tiene un enorme poder transformador. Por eso no dudo en el poder de la oración, sino dónde se ejerce dicho poder. Dejando de lado el tema de la energía, que me resulta nuevo y del cuál prácticamente no sé nada, diría que disponernos a orar es disponernos a ser transformados. Por eso considero que es muy peligroso.

En el caso concreto de la invitación a orar por la paz, el poder de la oración sobre mí sería el de hacerme consciente de todas mis acciones contrarias a la paz. Pero no a la paz como algo abstracto, sino a lo concreto de las pequeñas cosas cotidianas. Al estado de mi corazón con respecto al mandamiento de amar a los enemigos, aunque también debería mirarme con respecto a los amigos que muchas veces son las víctimas de mi corazón no pacificado. Arrancar de mi vida todas las cizañas que me impiden reconocer a Jesús en el otro, sobre todo en el diferente es el desafío de orar por la paz. Y cuando oramos por los más necesitados, por los hambrientos, por los excluidos estamos orando para ser capaces de acciones concretas que ayuden a personas concretas a salir de su pobreza o exclusión.

Rezar no es, según creo yo, acudir a un Dios todopoderoso que va a intervenir desde afuera para arreglar los desaguisados que nosotros mismos inventamos, sino que es abrirnos a la Presencia que mora en cada uno de nosotros y en toda la creación, con la disponibilidad para ser transformados. Menudo peligro el de abrir nuestras puertas, el de dejar que se desmoronen las paredes que nos construimos para protegernos de los demás. “El Espíritu sopla donde quiere”, dice el Evangelio, y alguien dijo: “sopla donde lo dejan”.

A dejarlo soplar entonces, aunque se lleve con su viento nuestras comodidades, nuestras certezas, nuestras ideologías. Aunque nos deje desnudos frente a la vida con las únicas armas de la confianza, la libertad y el amor. Aunque nos demos cuenta de que para que haya paz, o para que nadie pase hambre, ni frío, ni soledad tengo que “salir de mi tierra” y “hacerme prójimo” de los que parecen no tener ningún valor. De aquellos que considero una amenaza, ya sea por la inseguridad de la violencia que hoy estamos viviendo o porque con su sola presencia son como una espada que se clava en mi corazón y me pide a gritos que haga algo y me deja sintiéndome impotente. O me cierra aún más para no sufrir y sigo siendo la otra cara de la moneda de la violencia.

Dios actúa desde abajo y desde adentro, no desde arriba y desde afuera. Dios actúa a través mío y tuyo y hasta que no aceptemos esto no nos haremos responsables por las cosas que pasan en el mundo y que nosotros podríamos cambiar siendo de verdad discípulos de Jesús. Todos los que hoy tenemos “cinco panes y dos peces” tenemos la enorme responsabilidad de multiplicar y redistribuir los bienes para que nadie se quede sin sentarse a la mesa.
A rezar entonces, con entusiasmo y sin parar, pero dispuestos a conseguir aquello que pedimos con nuestras acciones concretas: “porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba desnudo, enfermo, preso… ¿Cuándo Señor? Les aseguro que cuando lo hicieron por el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt 25, 35-40). Entonces sí la paz quedará asegurada

Escrito por Patricia Paz en Eclesalia

jueves, abril 14

La autonomía personal

Soy una persona adulta, mayor de edad desde hace mucho tiempo, no incapacitada, y, de momento, miembro de la iglesia católica.

Y digo que todavía soy miembro de la iglesia católica, porque quiero pensar que no existe incompatibilidad alguna entre ser persona y pertenecer a la iglesia católica.

Sin embargo la realidad de todos los días me obliga a poner en duda tal pensamiento y pertenencia, cuando observo que en el ámbito de esa iglesia, por ejemplo, se sigue prohibiendo la publicación de determinados libros o se impide dar una conferencia a determinada persona en un local parroquial, y todo ello no porque se trate de personas (el autor del libro o el conferenciante) sospechosas de atentar contra los derechos humanos, sino simplemente por el hecho de que no coinciden, al parecer, en su visión de la iglesia con la que tiene la jerarquía dominante en este momento dentro del ámbito de esa misma iglesia. Las personas a las que se refieren los ejemplos que he elegido, son Don Jose Antonio Pagola y Don Jose Arregui. Existen muchísimas más.


Quede bien claro que, de momento, no pretendo defenderles a ellos, que también, sino reivindicar y salvaguardar mi autonomía denunciando a aquellos que desean limitarla a través de prohibirles publicar o hablar a esas personas, que es tanto como tratar de impedir que yo les lea o les oiga.

No entiendo cómo si en teoría dentro de esa iglesia se predica respecto de las personas, que conformamos y constituimos su base fundamental, el que somos libres y autónomas por naturaleza, es decir con capacidad suficiente para pensar y decidir por nosotros mismos, lo que a su vez constituye el fundamento de nuestra personal responsabilidad, se pueda al mismo tiempo mantener que no podemos publicar, hablar, leer o escuchar, lo que pensamos que debemos publicar, hablar, leer o escuchar.

¿O será que en esa iglesia todas las personas, tanto si somos clérigos o laicos (sobre todo estos últimos), somos consideradas, durante toda nuestra vida, menores de edad, sin criterio suficiente, con algún grado de incapacidad, y por ello necesitadas de tutela, que han de ejercer, quienes entre ellos se han elegido, por mor de un supuesto mandato divino y gracias a la inspiración del Espíritu Santo, como los poseedores de la única verdad revelada y, por tanto, dotados de una autoridad especial para imponernos a los demás, sin ninguna vergüenza, sus propios e interesados criterios?

Yo creo que no es ese el problema o, por lo menos, no el único problema.

Y digo esto porque resulta curioso (no es el único ámbito en el que ocurre) que cuando las personas dentro de esa Iglesia decimos que sí a todo y no nos planteamos ninguna duda ni problema, que pueda poner en tela de juicio la llamada doctrina tradicional de la iglesia, y el poder que en la misma se sustenta, no se pone ninguna traba a nuestra indiscutida autonomía y libertad. Entonces sí se dice y se defiende que somos libres y, precisamente, que en uso de esa libertad optamos por seguir la doctrina que se nos muestra como la verdadera y por responsabilizarnos en función de ella.

Nuestra incapacidad solo aparece o se señala cuando se nos ocurre pensar por nuestra cuenta, y ya no digamos cuestionar, más allá del límite o de la línea roja que nos han marcado los que dominan y quieren seguir dominando. Sólo cuando ponemos en cuestión lo establecido, a su juicio, como ortodoxo, es cuando nos convertimos en un peligro y cuando hay necesidad –no de convencer- de prohibir escribir, hablar, leer y escuchar.

Da lo mismo que lo que se escriba o diga sea razonable, que se diga de forma respetuosa y sin pretensiones de imponer nada, que esté basado en la lógica, o sustentado en los descubrimientos científicos o que sea el resultado de investigaciones profundas y de buena fe. Es entonces y solo entonces cuando se nos niega el carácter de personas libres, es decir de personas. ¿Por qué? ¿Qué es lo que ponemos en peligro? ¿A quién ponemos en peligro? ¿Qué es lo que hay que salvar o preservar?

Por eso es por lo que me planteaba la cuestión inicial. ¿Es incompatible el ser persona con el hecho de ser católica o pertenecer a la iglesia católica?

La cuestión no es baladí, porque si la contestación fuera afirmativa, la solución pasaría, necesariamente, al menos en mi caso, por decir, no quiero ser católico. No quiero renunciar a ser una persona libre.

Sin embargo, yo, aunque no tengo conocimientos de teología (ni creo que deba de tenerlos necesariamente para poder expresarme en estos términos), estoy convencido de que no es ni debe ser así. Que la doctrina basada en el amor no puede ser incompatible con la consideración de la persona libre. Que por muy limitada y vulnerable que sea una persona (lo somos todos, incluidos los jerarcas), la imposición y la prohibición no pueden prevalecer sobre el convencimiento basado en el conocimiento, en el diálogo sincero y respetuoso y en la razón, y que la supuesta única verdad ni existe ni puede, en ningún caso, prevalecer sobre la plural visión del mundo y de la moral.

Por eso, de momento no me borro de la iglesia católica, pero tampoco me callo, uniéndome a los que, desde dentro o fuera de esa misma iglesia, sin renunciar a su libertad, y desde posiciones sin mando y desinteresadas, siguen escribiendo, hablando, leyendo u oyendo libremente, sin sucumbir o tratando al menos de denunciar con su conducta las inadmisibles y condenables maneras de esta nueva y, para mí, terrible inquisición.


Leopoldo Diez de Fortuny
San Sebastián a 12 de abril de 2011.

 Leído en Fe Adulta

jueves, marzo 31

Repensar el mal

El problema del mal atraviesa la historia entera de la humanidad. Ninguna cultura, y dentro de ella ningún individuo, ha podido escapar a su afrontamiento.

Cuando ocurren grandes catástrofes naturales, en estos días los terremotos en Japón, suelen aparecer expresiones que culpan a Dios de ellas: “ Si quisiera no habría mal y el mundo sería perfecto”. Otros, lo utilizan como una prueba inequívoca de su no existencia: “Todo se debe a la autonomía de las leyes físicas”, huyendo de las influencias de ángeles o demonios.

Por eso es de agradecer el esfuerzo de pensadores en hacer luz en este campo tan complejo. Uno de ellos, Andrés Torres Queiruga, Doctor en Filosofía y Teología, - uno de los grandes teólogos de España,- acaba de publicar un interesante libro sobre este tema : Repensar el mal.

Pasando por el fracaso de un Dios que no quiere, o queriendo no puede, evitar el mal y llegando al fracaso del ateísmo moderno que se apoya en el mal atribuyéndoselo a Dios, Torres Queiruga nos habla de la presencia de Dios como el Anti-mal y actualiza la comprensión de temas tan actuales y vivos como el pecado original, la providencia, el milagro, la oración de petición, el holocausto y el infierno.






Para  saber más:

Un libro: Repensar el mal
Autor: Andrés Torres Queiruga
Editorial: Trotta
Páginas: 372
Año: 2011
ISBN: 978-84-9879-194-5
Precio: 22 €

lunes, marzo 28

Atrio de los gentiles

Palabras de Benedicto XVI a los participantes en la inaguración del Ario de los Gentiles en la catedral de Notre-Dame. Me parece una reflexión interesante y digna de compartirla.

En el corazón de la Ciudad de las Luces, frente a esta magnífica obra maestra de la cultura religiosa francesa, Notre-Dame de París, se abre un gran atrio para dar un nuevo impulso al encuentro respetuoso y amistoso entre personas de convicciones diferentes. Vosotros jóvenes, creyentes y no creyentes, igual que en la vida cotidiana, esta noche queréis estar juntos para reuniros y hablar de los grandes interrogantes de la existencia humana. Hoy en día, muchos reconocen que no pertenecen a ninguna religión, pero desean un mundo nuevo y más libre, más justo y más solidario, más pacífico y más feliz. Al dirigirme a vosotros, tengo en cuenta todo lo que tenéis que deciros: los no creyentes queréis interpelar a los creyentes, exigiéndoles, en particular, el testimonio de una vida que sea coherente con lo que profesan y rechazando cualquier desviación de la religión que la haga inhumana. Los creyentes queréis decir a vuestros amigos que este tesoro que lleváis dentro merece ser compartido, merece una pregunta, merece que se reflexione sobre él. La cuestión de Dios no es un peligro para la sociedad, no pone en peligro la vida humana. La cuestión de Dios no debe estar ausente de los grandes interrogantes de nuestro tiempo.

Queridos amigos, tenéis que construir puentes entre vosotros. Aprovechad la oportunidad que se os presenta para descubrir en lo más profundo de vuestras conciencias, a través de una reflexión sólida y razonada, los caminos de un diálogo precursor y profundo. Tenéis mucho que deciros unos a otros. No cerréis vuestras conciencias a los retos y problemas que tenéis ante vosotros.

Estoy profundamente convencido de que el encuentro entre la realidad de la fe y de la razón permite que el ser humano se encuentre a sí mismo. Pero muy a menudo la razón se doblega a la presión de los intereses y a la atracción de lo útil, obligada a reconocer esto como criterio último. La búsqueda de la verdad no es fácil. Y si cada uno está llamado a decidirse con valentía por la verdad es porque no hay atajos hacia la felicidad y la belleza de una vida plena. Jesús lo dice en el Evangelio: “La verdad os hará libres“.

Queridos jóvenes, es tarea vuestra lograr que en vuestros países y en Europa creyentes y no creyentes reencuentren el camino del diálogo. Las religiones no pueden tener miedo de una laicidad justa, de una laicidad abierta que permita a cada uno y a cada una vivir lo que cree, de acuerdo con su conciencia. Si se trata de construir un mundo de libertad, igualdad y fraternidad, creyentes y no creyentes tienen que sentirse libres de serlo, iguales en sus derechos de vivir su vida personal y comunitaria con fidelidad a sus convicciones, y tienen que ser hermanos entre sí. Un motivo fundamental de este atrio de los Gentiles es promover esta fraternidad más allá de las convicciones, pero sin negar las diferencias. Y, más profundamente aún, reconociendo que sólo Dios, en Cristo, libera interiormente y nos permite reencontrarnos en la verdad como hermanos.

La primera actitud que hay que tener o las acciones que podéis realizar conjuntamente es respetar, ayudar y amar a todo ser humano, porque es criatura de Dios y en cierto modo el camino que conduce a Él. Continuando lo que estáis viviendo esta noche, contribuid a derribar los muros del miedo al otro, al extranjero, al que no se os parece, miedo que nace a menudo del desconocimiento mutuo, del escepticismo o de la indiferencia. Procurad estrechar lazos con todos los jóvenes sin distinción alguna, es decir, sin olvidar a los que viven en la pobreza o en la soledad, a los que sufren por culpa del paro, padecen una enfermedad o se sienten al margen de la sociedad.
Queridos jóvenes, no es sólo vuestra experiencia de vida lo que podéis compartir, también vuestro modo de orar. Creyentes y no creyentes, presentes en este atrio del Desconocido, estáis invitados a entrar también en el espacio sagrado, a franquear el magnífico pórtico de Notre-Dame y entrar en la catedral para hacer un rato de oración. Esta oración será para algunos de vosotros una oración a un Dios conocido por la fe, pero también puede ser para otros una oración al Dios Desconocido. Queridos jóvenes no creyentes, uniéndoos a aquellos que en Notre-Dame están rezando, en este día de la Anunciación del Señor, abrid vuestros corazones a los textos sagrados, dejaos interpelar por la belleza de los cantos, y si realmente lo deseáis, dejad que los sentimientos que hay dentro de vosotros se eleven hacia el Dios Desconocido.

Me alegro de haber podido dirigirme a vosotros esta noche en esta inauguración del atrio de los Gentiles. Espero que respondáis también a otras convocatorias que os propongo, especialmente a la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará este verano en Madrid. El Dios que los creyentes aprenden a conocer os invita a descubrirlo y vivir con Él cada vez más. ¡No tengáis miedo! Caminando juntos hacia un mundo nuevo, buscad al Absoluto y buscad a Dios, incluso vosotros para quien Dios es el Dios Desconocido.

Y que Aquel que ama a todos y a cada uno de vosotros os bendiga y os guarde. Él cuenta con vosotros para cuidar de los demás y del futuro. También vosotros podéis contar con Él

Información publicada en Atrio

martes, diciembre 14

Y Benedicto XVI habló…


Uno de los grandes problemas que se ha convertido en el emblema de la incompatibilidad entre la Iglesia y la cultura moderna es el uso de los anticonceptivos no naturales.

Benedicto XVI ha dado un paso valiente hacia adelante: El uso del preservativo puede justificarse en determinados casos. Muchas personas opinan que una persona infectada por el virus del sida debería usar el preservativo para evitar infectar a su pareja.

Inmediatamente han saltado a la palestra muchos estudiosos, obispos, periodistas que han querido matizar las palabras del Papa. Incluso después de que este haya llegado a decir que sus palabras no necesitan matizaciones.

Uno de los que en un sentido negativo más se ha significado ha sido el portavoz de la Conferencia Episcopal  al que le ha faltado tiempo para decir que el uso del preservativo es siempre inmoral.

Siguiendo la idea que persigue este modesto blog de hacer camino al andar, os dejo una serie de documentos que pueden servir para que os hagáis una idea más completa de este tema.
En mi modesta opinión, el pueblo sencillo ya ha superado este debate en su conciencia y lo ve como un tema muy superado.

Para seguir haciendo camino:

Luz del mundo: Libro entrevista 
Iglesia y preservativo: El no de los intrasigentes 
El Papa desciende de la cátedra: Sandro Magister

Los enlaces anteriores provienen del blog del Vaticanista italiano Sandro Magister: Chiessa 

Continuaremos con otras opiniones

domingo, diciembre 5

España y sus miedos (la religión)

El pasado día 24 de Noviembre la Fundación SM presentó un estudio sociológico sobre la juventud en España. Trata de diferentes aspectos relacionados con la juventud. Continuando con el comentario España y sus miedos,  considero interesante hacer referencia a la relación de la Juventud con la Iglesia y sobre sus prácticas religiosas.

          Y los datos son aplastantes, estremecedores. De una lista de 16 instituciones, las mejores valoradas son las ONGS y la peor de las 16, La Iglesia Católica. La Iglesia aparece por tanto en el último puesto de la lista. Y cuando se pregunta por valores, valoran por este orden: la familia, la salud, el tiempo libre y el trabajo y en último puesto, por detrás de la política, la religión.

          ¿Qué es lo que les influye para que valoren tan negativamente a la Iglesia?

          Estas son algunas de sus expresiones: “es demasiado rica” (76%), que se “mete demasiado en política” (64%), que tiene “una postura anticuada sobre la vida sexual de la gente” (75%); ” se mete demasiado en la vida de la gente diciéndole cómo tiene que vivir su vida” (63%) o que “dificulta con sus directrices disfrutar de la vida” /56%).

          Se declaran católicos en un 53, 5% de los casos, aunque dicen que la religión “no tiene una gran influencia en sus vidas”. El 62% no entra nunca o prácticamente nunca en una iglesia y sólo el 7% cumple con el precepto dominical de ir a misa.

          Hay que subrayar que el estudio está basado en una muestra bastante amplia: 3513 chicos y chicas entre 15 y 24 años y está elaborado por un equipo de importantes sociólogos dirigidos por Leoncio Fernández.

         Yo me pregunto: ¿estos datos no tienen que hacer pensar a nuestros obispos, al Papa? ¿Seguirán pensando que la culpa es de la Sociedad, del Gobierno, de los medios de comunicación y no de los máximos responsables de la Iglesia, Papa y Obispos? ¿No se dan cuenta que en la Iglesia hay muchas cosas que echa a la gente (y más a los jóvenes) para atrás?

Y continuo preguntándome ¿Qué responsabilidad tienen los católicos practicantes? No siempre los culpables son los que dirigen. ¿Han hecho algo mal para llegar a esta situación?.
Continuaremos.

miércoles, noviembre 10

intelectuales y la cuestión religiosa

El profesor José Luis Aranguren definía al intelectual diciendo que no es el filósofo del ser y del conocimiento; no es tampoco el filosofo moral; el intelectual es el moralista de nuestro tiempo, porque ejerce ese papel, imprescindible en toda sociedad, de transmitir los valores, de guiar los comportamientos y de observar vigilante el decurso de los acontecimientos.

Cómo es lógico también observa y presta atención a los asuntos religiosos. La revista Iglesia Viva publica un breve estudio sobre los intelectuales españoles (junto a los periodicos que les sirven de escaparate) y la cuestión religiosa en la España actual.
Me ha gustado bastante y creo que os interesará leerlo ya que es muy actual y sirve para entender las ideas que están presentes en nuestras tertulias.

Podéis leerlo aquí: Intelectuales y cuestión religiosa en la España Actual 

miércoles, octubre 13

test religioso

El columnista de The New York Times y ganador de dos Premios Pullitzer, Nicholas Kristof, ha retado a sus lectores --Test Your Savvy on Religion-- a que prueben sus conocimientos en religión con un test muy original.
Lo hace en aras de la tolerancia y contra el fanatismo, tras conocerse un sondeo donde se constata que la buena parte de los católicos norteamericanos desconoce el significado de la 'comunión', que muchos protestantes no tienen ni idea de quién era Martin Lutero y que bastantes judíos desconocen que Maimónides era judío.

1. ¿Qué libro sagrado comenta que una chica que no sangra en su noche de boda debe ser lapidada hasta la muerte?
A. Corán       B. Antiguo Testamento     C. Hinduísmo
2. ¿Qué texto sagrado dice: "No habrá obligación de saber la verdad en materia religiosa"?
A. Corán     B. Evangelio de Mateo     C. Carta de Pablo a los Romanos
3. Los terroristas que fueron pioneros en el uso de chalecos suicidas y en la utilización de mujeres en los ataques, ¿a qué religión pertenecían?
A. Islam       B. Cristianismo         C . Hinduismo
4. "Cada niño es tocado por el demonio tan pronto como nace y este contacto le hace llorar. Exceptuando a María y su hijo." Este versículo es de:
A. Las cartas de Pablo a los Corintios   B. El Libro de la Revelación    C. Un texto del salafismo árabe
5. ¿ Qué texto sagrado apoya la esclavitud?
A. Antiguo Testamento     B. Nuevo Testamento   C. Corán
6. En el Nuevo Testamento, Jesús ve la homosexualidad como:
A. Fuertemente condenatoria      B. Perdonable    C. Nunca mencionó nada referente
7. ¿Qué texto sagrado insta a responder al mal con la bondad, diciendo: "Repeler el mal hecho con otro peor"
A. Evangelio de Lucas    B. Libro de Isaías     C. Corán
8. ¿Qué figura predica la tolerancia religiosa, al sugerir que Dios se ocupa de todos los pueblos y los lleva a todos a la tierra prometida?
A. Mahoma      B. Amos, profeta de Israel del siglo VIII       C. Jesús
9. ¿Cuál de estos líderes religiosos fue un polígamo?
A. Jacob       B. Rey David      C. Mahoma
10. ¿Qué es lo que caracteriza el comportamiento de Mahoma hacia los Judios de su tiempo?
A. Él los mató.      B. Se casó con una judía      C. Les elogió como un pueblo elegido.
11. ¿Qué sagrada escritura insiste en: ¡Feliz el que tome a tus hijos y los estrelle contra las rocas!
A. Libro de los Salmos       B. Corán          C. Levítico
12. ¿Qué sagrada escritura sugiere golpear mujeres que se portan mal?
A. Corán         B. Cartas de Pablo a los Corintios        C. Libro de los Jueces
13. ¿Qué líder religioso cita a las mujeres al mando a guardar silencio durante los servicios?
A. El primer Dalai Lama       B. San Pablo         C. Mahoma


Respuestas:
1 b. Deuteronomio 22:21.
2. a. Corán, 2:256. Sin embargo, otras secciones del Corán se describe la coacción.
3. c. La mayoría de los atentados suicidas primeros fueron por tamiles hindúes (algunos seculares) en Sri Lanka y la India.
4. c. Salfismo. El Islam enseña que Jesús fue un profeta para ser venerado.
5. Todas las anteriores.
6. c. No hay indicación de los puntos de vista de Jesús.
7. c. Corán, 41:34. Jesús dice lo mismo con distintas palabras.
8. b. Amós 9:07.
9. Todos ellos
10. Todos ellos.
11. a. Salmo 137.
12. a. Corán 4:34.
13. b. San Pablo, ambos en 1 Corintios 14 y 1 Timoteo 2, pero muchos eruditos creen que ni la sección fue escrita por Pablo.

Leido en Religión Digital

viernes, octubre 1

Teología del barro

Hoy os propongo una bonita reflexión procedente de la religión oriental.

Uno de los festivales religiosos más populares en la India es el del dios Ganesh (Ganesh Chaturthi), y en él tiene lugar una ceremonia que a primera vista choca un poco. Se han moldeado de antemano literalmente miles de imágenes de Ganesh, y ese día se llevan en procesión al mar donde hay mar, y al río donde hay río, y se arrojan a las aguas para que se disuelvan en ellas. Las imágenes son de arcilla o barro o escayola, y desaparecen rápidamente en las olas o corrientes.

Pero ¿qué quiere decir ese extraño rito?

Yahvé en el Sinaí mandó a Moisés que no se hicieran imágenes de Dios. El peligro era y es tomar a la imagen por la realidad. Imágenes de Dios hechas por nuestras manos, por bellas que sean, son limitadas. Y conceptos de la divinidad elaborados por nuestra mente, por nobles y dignos que sean, son imperfectos.

Necesitamos imágenes y conceptos de Dios para dar forma a nuestra fe, pero hemos de reconocer también su limitación, ya que nuestras manos son de carne y nuestra imaginación es de líneas y colores. Y la divinidad está muy por encima de líneas y colores.

Deus semper maior. Dios siempre es más.

Los hindúes tienen las Letanías de los Mil Nombres de Dios (Sahasra Nam), y después de cada nombre recitan la respuesta “No es eso, no es eso” (neti, neti). Porque es todo, y es más allá de todo. Todo adjetivo ha de ser pronunciado... y descartado. Todo concepto nuestro de Dios ha de ser apreciado, atesorado, amado..., y trascendido.

Santo Tomás de Aquino llamaba a eso “la vía de la afirmación, negación, y trascendencia.” Ese es el proceso. Nos va a durar toda la vida..., y toda la eternidad.

Hacemos bien en labrar imágenes de Dios en mármol para significar su eternidad; y hacemos también bien en moldear imágenes de Dios en barro para reconocer nuestra cortedad. Reconocemos que Dios es infinito mientras nuestro entendimiento es finito, y así expresamos a Dios como hoy lo conocemos, y nos abrimos a como Él querrá que lo conozcamos mañana.

Atesoramos nuestra imagen de hoy, y nos desprendemos de ella ante la de mañana. Dios es siempre nuevo. El hebreo no hacía imágenes de Dios. El hindú las renueva cada año. Es el mismo gesto.

En el Japón visité un templo sintoísta que se destruye por completo cada veinte años y vuelve a edificarse al lado de manera distinta. Para no acostumbrarse. Otra vez el mismo gesto.

El secreto de avanzar en el conocimiento de Dios es estar dispuestos a arrojar al mar –con fe, con cariño, con nostalgia, con reverencia, con devoción, con ilusión– la imagen del año anterior.


Carlos A. Vallés S.J.

Español, escritor y profesor de matemáticas.
Vivió 50 años en India

Leído en fe adulta 

lunes, septiembre 20

Me confieso progresista

He recibido de Eclesalia una carta con la que me identifico plenamente. Os dejo un pequeño resumen.

Como cristiano me veo necesariamente progresista. Me explico: quiero para el ser humano, para todo ser humano, un futuro mejor; lo quiero más libre, con más dignidad, más respetado. Deseo para él una libertad física, social, política, económica, sicológica, religiosa mayor, arraigada y sustentada en la libertad interior, espiritual, fruto de múltiples conquistas íntimas. Lo sueño más provisto de valores, de ideales, de criterios éticos y de proyectos.

Mi fe cristiana, lejos de bloquear estos anhelos, me los activa con urgencia. Sueño con la revolución que Jesús encendió en la historia.

La fe cristiana es una llamada a madurar como persona, a crecer en amor y solidaridad, en respeto y tolerancia con el “otro”. A su luz, el “otro”, cercano o lejano étnica y culturalmente, se me muestra como don -no como rival-, como riqueza familiar, como parte de ese gran Nosotros, sólo dentro del cual me es dado realizarme como persona.

El otro es mi hermano. La pluralidad, la diferencia, la descubro como valor a respetar y a cultivar en la comunión de la unidad mundial. Por ello mi fe me lleva a entablar con todos, con independencia de su piel, de su cultura o su credo, relaciones fraternas, solidarias. Vínculos de amistad, de respeto y de gratitud.

El Dios que he encontrado en Jesús es Amor, Padre. Es Luz y vida. Eso sí, dejemos a Dios ser Dios; no lo manipulemos, haciendo imágenes suyas desde nuestros intereses, a nuestra imagen y semejanza.

Como progresista estoy en contra de esa apoteosis de la superficialidad y de la trivialización en nuestra cultura, de ese intento de forjar un modelo de hombre “light”, sin criterios ni valores, con la moda como eje, con la televisión como sustento intelectual, con tanta literatura “cleenex”, filtrada hasta en muchos “best sellers”. Rechazo tanta inmadurez e irresponsabilidad ante el sexo, ante la vida y la muerte.

......

El autor de la carta es Ignacio Vizcagüenza y os animo a leerla entera, no tiene desperdicio desde mi punto de vista.

Para seguir haciendo camino:

Me confieso progresista, de Ignacio Vizcagüenza, asesor religioso 

domingo, septiembre 12

Doble provocación

La quema de libros es tan vieja como la historia. La sobrina del Quijote participó con el cura, el barbero y el ama a arrojar los libros del hidalgo en la plaza pública y quemar los que no eran de fiar. 

A lo largo de la historia son muchos los ejemplos como este que podemos recordar.

Sólo queman libros los inseguros, los fanáticos que son incapaces de ver la magia del negro sobre el blanco en feliz expresión de José Antonio Marina.

Leer, releer, subrayar y escribir al margen de un libro es un placer inigualable que no tiene precio, por eso nunca entenderé de quemas de libros que nos han privado de tantas cosas a lo largo de los siglos.

Si a la quema de un libro le añadimos el simbolismo religioso que tiene para más de 2000 millones de personas estamos hablando de una doble provocación.  Quemar libros de El Corán es un ofensa innecesaria.  Quemar un libro sagrado no es un acto cualquiera. Es buscar una confrontación que va a ocasionar actos violentos en todas partes que podrían llevar a la  muerte a personas ajenas.

Que quién predique esa idea sea un hombre de religión, un pastor, lo convierte en algo más grave aún. 

 La guerra moderna se libra en muchos frentes que no son militares. Se libra en el campo de las creencias, en la economía, en la cultura y en la simbología. Internet es el nuevo vehículo al alcance de todos para promover la convivencia pero también para provocar las iras violentas de quienes se sienten agraviados. 

No hagamos un uso perverso de las creencias de miles de personas de todos los credos, católicos, protestantes, judíos, islamistas, budistas, indígenas…

No es ese el camino a seguir.




lunes, septiembre 6

Iglesia y cultura cada vez más lejos

El matrimonio ya no es el resultado natural del noviazgo. Muchas de las parejas que deciden casarse lo hacen tras experiencias más o menos largas de convivencia. Muchos católicos aceptan con naturalidad este estilo de vida sin sentir que esté en juego su fe o su pertenencia religiosa a la Iglesia.

Esta postura no es contra la Iglesia sino que se hace al margen de ella. Suele ser el resultado de una búsqueda personal sencillamente ajena a todo lo que no se experimenta como significativo por si, más allá de lo que la Iglesia diga, permita o prohíba.

No cabe duda de que existe una brecha, que se va agrandando, entre la Iglesia y la cultura, entre sus enseñanzas y la vida en la sociedad. Esta pérdida de relevancia suscita desde hace años, serias tensiones entre los que se aferran en defensa de la doctrina segura y quienes en el otro extremo buscan llegar a las personas.

¿Cómo encarar este desafío? Ante todo, dejando de “correr detrás" de los cambios, para comenzar a anticiparnos a ellos. Una mejor comprensión de los fenómenos sociales permitiría que la misma verdad poseída pueda inspirar respuestas más ajustadas a los “signos de los tiempos”.

¿Debería la Iglesia en el futuro cambiar sus preceptos, o renunciar sin más a ellos para conformarse con formular “ideales”? Evidentemente que no. Pero en el campo normativo, cuya materia es variable y contingente por definición, siempre es posible dar a las normas morales formulaciones más adecuadas a las peculiaridades de las diferentes situaciones, y juntamente con ello, elaborar criterios prudenciales más aptos para guiar el discernimiento de los fieles.


Para saber más:
Revista Criterio: ¿Iglesia y cultura cada vez más lejos?
Jacques Arènes , “La derrota del hombre heterosexual”,

miércoles, agosto 25

El culto a la Santa Muerte

Los mexicanos, cada día más desesperados por la violencia de todo tipo que parece campar por sus anchas, buscan consuelo en el culto a la muerte. 

En un barrio de la capital se sitúa el epicentro de la fe que más crece en el país: la de la Santa Muerte.
Una religión hibrida que fusiona el simbolismo católico y el culto prehistórico a Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl señor y señora de los muertos,  representados por esqueletos.

Los santuarios dedicados a la Santa Muerte se han esparcido y crecido por todo el país porque “la Iglesia regaña” y la Santa Muerte nunca lo hace, “ella acepta a todo el mundo”.
Su culto empezó a darse  a mediados del siglo pasado y era una práctica clandestina que ha ido creciendo y se habla de 2 a 5 millones de seguidores.Mientras en otras zonas del planeta la gente suele volverse a los fundamentalismos religiosos o políticos, los mexicanos se vuelven a su propia cultura.

Una enorme desesperación social, política y económica es la que los lleva a pedir protección contra la muerte. Un informe estadounidense califica la Santa Muerte como “el culto de los señores de la droga a la muerte, y es cierto que sus santuarios son escrutados durante las redadas contra los narcos a ambos lados de la frontera. En marzo de 2009, el Ejército americano derribó alrededor de tres decenas cerca de la frontera con EE UU como elemento de guerra psicológica contra la narcocultura.

Pero la lucha antidroga sólo está conectada de forma tangencial con la Santa Muerte: “Sus bases las forman principalmente los pobres –los excluidos de la economía formal– o quienes han perdido su fe en el sistema judicial”, afirma Lois Lorentzen, directora del Centro de la Universidad de Estudios Latinos en las Américas de San Francisco. La popularidad de la Santa Muerte, enraizada en áreas urbanas peligrosas como Tepito y regiones rurales que se les parecen cada vez más, refleja la incertidumbre política y económica de casi cincuenta millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza.

Para seguir haciendo camino


La Santa Muerte, Wikipedia

Un libro: La santa muerte ,
Si te interesa te lo puedes descargar gratis desde aqui













Un documental




martes, agosto 24

¿Es la religión enemiga de la civilización?


 La Religión, y más específicamente la cristiana, ha tenido una enorme importancia en la evolución humana en base a las ideas evangélicas, al pensamiento de los Padres de la Iglesia y a la teología cristiana, bien es cierto que la Iglesia en plural ha sostenido aquellos principios y modelos evangélicos casi siempre con la infidelidad de papas, de obispos y de sacerdotes, que imponían modelos opuestos.  Mientras que las grandes religiones pusieron el acento en el misterio, en la meditación, en la astrología y la fuga de la realidad, el cristianismo, como modelo social, afirmaba el valor absoluto de cada persona humana “creada a imagen de Dios”, adoptando la lógica y el pensamiento deductivo y abriendo el camino a las ciencias y al progreso moderno.
Hoy las diferentes sociedades viven “un mundo sin Dios”, ven a la religión como un obstáculo en su progreso humano y social. Pero qué imagen ofrece hoy la Iglesia, lo que quiere transmitir la institución, ¿la misma de hace varios siglos?, y qué opina de conceptos como: libertad, democracia, progreso científico-técnico y económico-social, derechos del hombre y de la mujer, estabilidad y seguridad en cada país, educación y asistencia sanitaria para todos, justicia basada en las leyes y no en el arbitrio de los más fuertes, justicia social entre ricos y pobres, paz entre los pueblos y las naciones. El que desee, con buena voluntad, encontrar respuestas a sus preguntas qué recibe: un conjunto de dogmas, prohibiciones y obligaciones, comprueba la existencia de una falta de pluralismo, y que se quita de sus puestos a quienes manifiestan honrada y sinceramente su disconformidad con la doctrina oficial.
Expongo a continuación un artículo para la reflexión y para el debate del  filósofo italiano

Gianni Vattimo:

“Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama “el Dios moral”, es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.
La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios. No sólo están muertas las religiones morales, en el sentido más obvio de la palabra: desde dentro de la sociedad cristiana y católica de Europa, es fácil ver que son muy pocos los que observan los mandamientos de la moral cristiana oficial. Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones “morales” como garantía del orden racional del mundo.
 La institucionalización de las creencias, que dio origen a las Iglesias, incluyó (no sé si sólo en la práctica o como factor necesario) una reivindicación del poder histórico, en el sentido de que era casi natural y necesario que una religión moral se convirtiera en una institución temporal poderosa. Es lo que parece haber ocurrido con el catolicismo, pero se pueden ver muchos otros fenómenos similares en la historia de otras religiones. Incluso el budismo engendró un Estado, el Tíbet de los lamas, que ahora lucha por sobrevivir frente a China. En todas partes -por ejemplo, en el hinduismo-, el mismo hecho de que exista una diferencia entre clérigos y legos hace que la religión se convierta en una institución, cuyo objetivo principal es siempre su propia supervivencia. Mencionaré de nuevo el ejemplo de la Iglesia católica: si no hubiera sobrevivido a lo largo de los tiempos, yo no habría podido recibir el Evangelio, la buena nueva de la salvación. Una vez más: como en el caso de la muerte de Dios de Nietzsche, la muerte de las religiones institucionalizadas no significa que no tengan legitimidad. Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. Por lo menos, eso es lo que ocurre hoy: en Italia, por ejemplo, existe un problema con la construcción de mezquitas, porque la población musulmana ha aumentado de forma espectacular. La hegemonía tradicional de la Iglesia católica está en peligro, pero los católicos no se sienten amenazados en absoluto por esa situación; sólo los obispos y el Papa.
La Iglesia afirma que defiende su poder (y los aspectos económicos de él) para preservar su capacidad de predicar el Evangelio. Sí; pero, como en tantas instituciones, la razón suprema de su existencia se queda muchas veces olvidada a cambio de la mera continuidad del statu quo. Lo que quiero decir es que, en el mundo actual, sobre todo en el Occidente industrial, la religión como institución se ha convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la “salvación”, sea eso lo que sea. Quiero subrayar que hablo de la muerte de las religiones en el mismo sentido en el que acepto el anuncio de Nietzsche sobre la muerte de Dios. La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo.
Hablar de la muerte de las religiones en un sentido relacionado con el anuncio de la muerte de Dios de Nietzsche no significa, desde luego, que la religión nunca haya tenido sentido para la humanidad. Ni siquiera se puede decir que la frase de Nietzsche significa que Dios no existe. Ésa sería de nuevo una afirmación metafísica, que Nietzsche no quería pronunciar, por su rechazo general a cualquier metafísica “descriptiva”. La lucha contra la supervivencia de las religiones de la que hablo tiene poco que ver con la negación racionalista de todo significado a los sentimientos religiosos. Incluso se toma muy en serio ese resurgimiento de la necesidad de una relación con la trascendencia que caracteriza numerosos aspectos de la cultura actual. Citaré de nuevo a Nietzsche, que dice que Dios está muerto y ahora queremos que existan muchos Dioses.
Mientras las religiones sigan queriendo ser instituciones temporales poderosas, son un obstáculo para la paz y para el desarrollo de una actitud genuinamente religiosa: pensemos en cuánta gente está abandonando la Iglesia católica por el escándalo que representan las pretensiones del Papa y los obispos de inmiscuirse en las leyes civiles en Italia. Los ámbitos de la ética familiar y la bioética son los más polémicos. En Estados Unidos, el anuncio reciente del presidente Obama sobre su intención de eliminar las restricciones a la libertad de las mujeres para abortar ha suscitado una amplia oposición por parte de los obispos católicos. La oposición contra cualquier forma de libertad de elección en todo lo relacionado con la familia, la sexualidad y la bioética es continua e intensa, sobre todo, en países como Italia y España. Tengamos en cuenta que la Iglesia se opone a leyes que no obligan, sino que sólo permiten la decisión personal en estos asuntos. Deberíamos preguntarnos de qué lado está la civilización.
Hace poco, el Papa repitió su idea constante de que la verdad no es negociable. ¿Ese “fundamentalismo” es sólo característico del catolicismo, o de todo el cristianismo? Quienes hablan de civilizaciones tienen la responsabilidad de tener en cuenta esta condición concreta. No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser “dirigentes” de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo.
Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios. El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrarede San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil.
Artículo publicado en El País, 1-3-2009.

lunes, agosto 23

El uso perverso de la religión

Se habla con bastante frecuencia del factor religioso en los conflictos armados que existen en diversas partes del planeta. Sin dejar de lado otros factores tan importantes como la pobreza, la marginación, la injusta distribución de la riqueza; es importante estudiar como el uso perverso de la religión lleva a enfrentarse violentamente a las gentes.

En Israel, los ultraortodoxos – un 20 % de la población- pretenden que la Torá sea la constitución del país. Los palestinos con su Sharia ( ley islámica) practican lo mismo.

Nos sorprenderíamos de las similitudes que tienen el rigorismo religioso judío y el integrismo islámico. Los barbudos de ambos lados, unos con tirabuzones, traje y sombreros negros, y los otros con túnicas negras y cintas verdes dan miedo.

Sus cámaras legislativas son la sinagoga  y la mezquita. Desde "Oye, Oh Israel, Jehová es nuestro Dios, Jehová  es único" y ¡Alá es grande! Se antoja difícil que se pueda llegar al entendimiento.

Curiosamente un uso racional del mensaje religioso, basado en el amor, la paz y la tolerancia deberían ayudar  a unir las diferentes comunidades. Pero no se camina en la zona del entendimiento sino en la de la confrontación.

Para seguir haciendo camino


Un libro: La revolución europea. Cómo el islam ha cambiado el viejo continente
Autor: Christopher Caldwell
Editorial: Debate
Páginas 414, Precio 27,90 €


Un libro: Los Cristianos. Historia del pensamiento
Autor: Jesús Mosterín
Editorial: Alianza
Páginas 554 Precio 11,50 €

martes, agosto 17

Hablemos del Ramadán

A mediados de agosto comienza el mes santo del Ramadán, en el que cientos de millones de musulmanes ayunan desde el amanecer hasta el ocaso;  para los fieles, ese periodo significa también nada de peleas, palabrotas ni sexo durante el día. Pero no todo es ascetismo piadoso. El Ramadán es  una fuerza que mueve el mundo, un periodo imprevisible de consumismo generalizado, conflictos sorprendentes y trapicheos políticos. 
Valí  Nasr,  profesor de Política Internacional en la Fletcher School de la Tufts University, ha publicado un articulo - 5 cosas que no sabe sobre el Ramadán-  en la revista Foreign Policy Edición española 

En él nos habla de aquello que acompaña al aspecto religioso del islamismo. Por su interés reproduzco aquí alguno de sus comentarios.

Es un buen negocio
Aunque no llega a ser el monstruo  mundial de consumismo  que es la Navidad, el Ramadán  ocupa un respetable segundo  lugar. La productividad en el  mundo musulmán se derrumba  durante el ayuno y las actividades  del Gobierno se paralizan.  Pero las tiendas de Estambul  están abarrotadas, y es una  de las épocas más ajetreadas  para los vendedores de coches  de lujo en Riad.

Tras el petroleo, es la mayor exportación de Arabia Saudí 
 Hasta los 70, la observancia  estricta del Ramadán era voluntaria  en gran parte del mundo  musulmán, una expresión de  solidaridad cultural tanto como  de devoción personal. entonces  llegó la crisis del petróleo de  1973. Los petrodólares inundaron  las arcas del Golfo Pérsico  y llenaron de oro los reinos del  desierto, que respaldaban a  clérigos islámicos conservadores  y que construyeron  mezquitas en todo el mundo.  Los trabajadores inmigrantes  volvían a sus países, a las montañas  del norte de Pakistán o a  las llanuras de Bangladesh, con  actitudes más estrictas sobre  las mujeres, la educación y las  prácticas religiosas. Hoy en día,  en Aceh, Indonesia, no respetar  el Ramadán se castiga con  latigazos; en 2009, el Ministerio  del Interior de Egipto empezó  a aplicar edictos por los que  comer de día durante el mes  santo era delito menor.

Es un tiempo de paz marcado por la guerra
La contemplación religiosa no  siempre ha sido sinónimo de  pacifismo. el profeta Mahoma  libró la Batalla de Badr, la  primera guerra musulmana  contra los infieles de La Meca,  durante el Ramadán del 624.  El conflicto de 1973 que los  israelíes llaman la Guerra de  Yom Kippur es, para egipcios,  jordanos y sirios –que lanzaron  su ataque sorpresa mientras  ayunaban–, la Guerra del  Ramadán. en tiempos más recientes,  en Irak, este mes se ha  caracterizado por aumentos de  la violencia sectaria y ataques  contra las tropas estadounidenses,  que llegaron a un total  de 1.400 incidentes en 2007.  Pero el Ramadán también  es momento de complicadas  maniobras militares: durante la  batalla de Tora Bora, algunos  de los combatientes afganos  que estaban acercándose cada  vez más a Bin Laden insistieron  en irse a casa al atardecer para  romper el ayuno. 

La globalización ha cambiado el Ramadán
Para los aproximadamente  45 millones de musulmanes  que viven hoy en Occidente, la  observancia religiosa estricta  puede ser una costumbre muy  solitaria. el trabajo no disminuye  su ritmo por el Ramadán, y  los que ayunan deben pasar el  día con colegas que comen y  beben sin problemas. en Internet  han aparecido guías con  consejos sobre cómo soportar  los sentimientos resultantes de  aislamiento, y algunos clérigos  influyentes han autorizado  dispensas especiales a  los musulmanes que viven  fuera de Oriente Medio. Por  ejemplo, unas normas de 1970  permiten a los musulmanes  que viven por encima de los  64 grados de latitud (donde el  sol no se pone nunca en verano)  que empiecen y acaben  el ayuno según la hora de La  Meca o la gran ciudad más  próxima hacia el sur que tenga  un amanecer y un atardecer  normales.   


Para seguir haciendo camino
Daniel Climent, El calendario musulmán y el Ramadán
Redes Cristianas: Empieza el Ramadán 
El mes de Ramadán, El ayuno de Ramadan, página web con bastante , variada y completa información

jueves, julio 15

es el momento de actuar



Sakineh Mohammadi Ashtiani, madre de dos hijos, está presa desde 2005.  En mayo de 2006 fue condenada a recibir 99 latigazos por mantener una "relación ilícita" con dos hombres. Con posterioridad, fue declarada culpable de tener una "relación extramatrimonial" y condenada a morir por lapidación.

En el juicio, dos de los cinco jueces del tribunal la declararon inocente, señalando que ya había sufrido una condena de flagelación y que no había pruebas suficientes de adulterio contra ella. Sin embargo, los otros tres, incluido el presidente del tribunal, la declararon culpable basándose en el “conocimiento del juez”, un principio de la legislación iraní que permite a los jueces adoptar una decisión en relación con la culpabilidad del acusado, aun en ausencia de pruebas claras o concluyentes. 

El Tribunal Supremo confirmó la condena de muerte el 27 de mayo de 2007. Su indulto pende de la decisión de la Comisión de Amnistía e Indulto, que ya se  lo ha negado dos veces. El gobierno iraní hizo público un comunicado el 8 de julio en el que informaba de que Sakineh Mohammadi Ashtiani no sería lapidada; posteriormente, el 13 de julio el Ministro de Exteriores de Irán, Manucher Mottaki, desmintió estas afirmaciones atribuyéndolas a “propaganda occidental”. Hasta que tanto  ella como  su abogado hayan recibido una notificación oficial, estas declaraciones contradictorias no permiten descartar que Sakineh Mohammadi pueda ser lapidada.

¡Actúa!




Firma  pidiendo la conmutación de la pena. Sigue el enlace: Por los derechos humanos

Para saber más:

jueves, mayo 27

comprender y entender al diferente

Hace unos días un amigo me envió unas imágenes curiosas sobre la vestimenta de varias mujeres musulmanas. Todas llevaban velo, pero su postura dejaba entrever ropa intima muy moderna.
Recordé que había leído algo sobre la modernización de la mujer árabe y me puse a buscar entre mis papeles. Esto es lo que encontré.
¿Se han preguntado alguna vez qué hay debajo del chador?

Delphine Minoui nos lo descubre en Les Pintades à Téhéran (Las chavalas de Teherán), una crónica apasionante, y apasionada, de la vida cotidiana de las iraníes. Lejos de los tópicos al uso sobre la República Islámica y sus habitantes, la periodista francoiraní se acerca sin prejuicios y con mucho humor a esa mitad del país que está llevando a cabo una verdadera revolución silenciosa ante las barbas de unos dirigentes cada vez más desconectados de la realidad.

Minoui encadena anécdotas que nos van dibujando a las iraníes mejor que cualquier tratado de sociología. Desde cómo colocarse el pañuelo para no parecerse a Doña Rogelia hasta las tribulaciones de las jóvenes ante las restricciones para relacionarse con el otro sexo, su relato nos describe una sociedad en ebullición y llena de contrastes, cuyas mujeres desbordan el molde al que pretenden confinarlas tanto la dictadura religiosa como la mirada occidental.

Así cuenta cómo a la imposición del hiyab, las nuevas generaciones están respondiendo con pañuelos minúsculos y batas cada vez más ajustadas; a las dificultades para divorciarse, con contratos matrimoniales que les garantizan ese derecho (y otros, como poder trabajar o viajar sin permiso del marido), y a la prohibición de cualquier relación sexual no sancionada religiosamente, con estrategias dignas del Ananga Ranga. Su atrevimiento es mucho más que un juego del ratón y el gato con los barbudos que se encargan de mantener un orden moral propio del Medievo. Tal vez la semilla de una revolución silenciosa que saque al país de su atolladero actual.
Sus protagonistas son mujeres de carne y hueso, con sus virtudes y sus vicios. Jóvenes y menos jóvenes. Ricas y pobres. Con y sin estudios. Religiosas y descreídas. Todas por igual desafían el corsé y valen mucho más que la mitad de un hombre que les atribuyen sus leyes.

En Les Pintades à Téhéran hay deportistas, fashion-victims, artistas, contestatarias, trabajadoras, amas de casa y muchas universitarias. Todo un reto para una República Islámica que, al imponerles el hiyab, facilitó el acceso a la enseñanza de las que procedían de familias más conservadoras. Lejos de la sumisión que proyecta el velo, ellas luchan por hacerse su hueco en una sociedad que sigue siendo muy patriarcal y cuyas tradiciones no todas cuestionan con igual ímpetu.
Es cierto que bajo la mirada de la ley islámica, en vigor desde la revolución de 1979 y la instauración de la republica islámica de Irán, la mujer sólo vale la mitad que un hombre. Por lo tanto, el “segundo sexo” no tiene derecho a cantar, a salir a la calle sin pañuelo, a tener acceso a ciertas profesiones como la de jueza. Su día a día está trufado de trampas. Pero también animado por este deseo profundo de transgredir lo prohibido, de dar, cuando la ocasión se presenta, en las narices a la censura, de contonear los obstáculos, a menudo con mucho humor, elegancia y poesía.

El resultado más evidente de esta lucha continua y cotidiana es que el 60% del censo universitario son mujeres. Así y contrariamente a las previsiones, las mujeres están en todas partes: en el parlamento, donde ocupan puestos de diputadas, a la cabeza de grandes empresas, al volante de sus coches… y de sus taxis. Bajo el velo las iraníes tienen las uñas perfectamente pintadas. Y atención, os dicen ellas: Teherán no es ni Riyad ni Kabul. Este es el Irán que se peor se conoce, el de su sociedad vitalista y valiente, que se bate contra un sistema político impuesto.”

Habrá que seguir haciendo un esfuerzo para comprender y entender al otro. ¡Ánimo!

sábado, mayo 8

las personas que sufren

Las estadísticas son necesarias para afrontar los problemas sociales. Sin embargo, nunca podemos perder de vista que cada cifra, cada dato, responde a rostros humanos, a vidas de personas concretas. A todos aquellos que sufren en su cuerpo o en su espíritu.
Las cifras que maneja Cáritas nos indican que en nuestra sociedad hay muchos miles de mujeres y hombres, viejos y jóvenes, niños y adolescentes que sufren. Muchos de ellas llevan sufriendo muchos años, algunas todas sus vidas. El hambre, la alimentación insuficiente e inadecuada, la falta de vivienda digna, las limitaciones culturales, las enfermedades crónicas, la miseria física y moral…vienen de muy lejos. Posiblemente muchos no han disfrutado de las ventajas que ha llevado asociada la sociedad del bienestar, de los derechos humanos y de los seguros a todo riesgo. Han caído del tren en marcha y ven como estos convoyes del bienestar se alejan ante ellos. Muchos viven en los márgenes, e incluso algunos en los márgenes de los márgenes.
Una gran multitud de nuevos pobres es el resultado humano de la crisis financiera y económica que estamos sufriendo. Muchos nunca imaginaban que les podía llegar esta situación. De disfrutar de las ventajas del trabajo estable, de ir pagando las hipotecas, abrían créditos para pagar vacaciones, celebraciones y dispendios adicionales. Todo se ha hundido de repente. Muchas empresas han cerrado, ha aumentado, con cifras terribles, el paro, muchos han tenido que dejar sus casas, no pueden devolver los créditos, deben dineros a tercero, no pueden pagar la luz, el agua o el teléfono.
Todo esto tiene grandes repercusiones en el ámbito interior y espiritual de las personas: la incertidumbre, la angustia, las pesadillas, los complejos, las críticas, la desconfianza, las evasiones, el mal humor, las dudas, la continua ofensa de la ostentación y los gastos escandalosos de una parte de la sociedad, los desengaños, las frustraciones…
Cada persona, sea quien sea, tiene que poder vivir en el mundo con aquella dignidad que le viene dada con la vida misma. Los Padres de la Iglesia de los primeros siglos insistían continuamente que los bienes eran patrimonio de todos y que lo que sobraba a unos se convertía en propiedad de otros cuando carecían de aquello que era imprescindible.
Las cifras de Cáritas nos hablan de la necesidad de misericordia, de bondad, de compasión, pero en primer lugar de necesidad de justicia. Prescindir de ella en el fondo es una nueva burla a los pobres.



Para saber más:

Una mirada a la pobreza, Cuadernos CJ, número 167


Podemos leerlo  aquí: Una mirada a la pobreza